19 dic 2025

COMPASS ROSE - Capítulo 45

Hola hola!!!!

¿Cómo están? Espero que muy bien y si no es así les mando un súper fuerte abrazo de oso y espero que éste nuevo capítulo les saque una gran sonrisa 🥰

Primero que todo quiero agradecerles por acompañarme un año más leyendo mis escritos 😭💕 Me hace muy feliz saber que los disfrutan y espero que en éste próximo 2026 y años venideros sigan aquí 🥺💕

Ésta vez me les adelanto en publicar porque éstas últimas semanas del mes son caóticas en el trabajo y luego no me da tiempo de nada 😅 y aprovecharé también para descansar y recobrar fuerzas para el nuevo año que se viene, así que nos leeremos de vuelta a finales de Enero 🥰

Les deseo a todos una feliz Navidad y un próspero año 💕



Tema: COMPASS ROSE
Extensión: Serial 
Parejas: Varias
Autora: Akari-chan


Capítulo 45

*Rihito*

- Hoy le diré mis sentimientos a Yuri – dice el príncipe Yuto llegando de repente a dónde me encuentro en el jardín, sentándose a mi lado.

- ¿Vas a hacerlo? – Pregunto cerrando la libreta que tengo en mis manos para darle toda mi atención, notándolo un poco angustiado - ¿estás bien con eso? – digo preocupado.

- Es mejor hacerlo ahora – suspira profundo – aunque ya sepa su respuesta.

-¿Por qué crees que podría rechazarte?

- Simplemente sé que lo hará – sonríe amargamente – por eso deseo pedirte un favor.

- Sí, lo que desees – sonrío amablemente, sintiéndome un poco entristecido de ver su semblante un poco decaído.

- Quiero que en ese momento estés a mi lado – dice con firmeza.

- ¿Que esté a tu lado? – Pregunto incrédulo – no… no creo que sea lo correcto yo…

- Bueno, no exactamente – ríe un poco – pero quiero que estés cerca, escondido – vuelve a reír – eso me dará ánimos para hacerlo.

- La verdad es que no sé si…

- Por favor – dice tomando con fuerza mi mano, mirándome suplicante. No es que no quiera acompañarle, de hecho me parece hasta un honor que él tenga esa confianza conmigo, pero por otro lado, no me siento cómodo de saber que la persona que me gusta le confiese su amor a otra.

- Bueno, no es necesario que estés cerca – dice mientras acaricia suavemente mi mano, haciendo que mi corazón se acelere – sólo quiero saber dónde puedo encontrarte cuando termine.

- Está bien, lo haré – digo todavía no muy convencido, pero realmente no me siento en condiciones de negarle algo.

- Muchas gracias, siento que se me ha quitado un peso de encima – sonríe aliviado – por cierto ¿te interrumpí en algo cuando llegué? ¿Estabas escribiendo alguna carta? - Pregunta curioso.

- Sólo estaba escribiendo ideas al azar – respondo sonriente.

- ¿Te gusta escribir?

- Sí, mucho… - Respondo un poco avergonzado. Normalmente las personas incluyendo mis padres dicen que dedicarse a la escritura es una pérdida de tiempo, así que el único que sabe de esto es Ryutaro, quién siempre pide ser el primero en leer mis escritos – pero es sólo un pasatiempo.

- ¿Y qué te gusta escribir? – Pregunta con real entusiasmo, haciéndome emocionar.

- Cuentos, poesía, también me gustan mucho la fantasía, el romance…

- Esas historias me gustan, aunque la verdad no es que lea mucho – ríe.

- Te gusta la pintura ¿no es así?

- Me encanta – responde notándose un gran brillo en sus ojos.

- He visto varias de tus pinturas en el castillo y he de decir que son hermosas.

- Sólo lo dices porque eres mi amigo – ríe apenado.

- Claro que no es por eso – digo fingiendo sentirme ofendido – en realidad son muy bellas – digo con total sinceridad, quedando cautivado con su hermosa y tímida sonrisa.

- Gracias – sonríe - a mí hermano Yuya le gustan mucho mis cuadros, por eso manda a ponerlos en cada rincón del castillo cuando termino alguno.

- El Rey tiene muy buen gusto, me encantaría tener una de tus pinturas en mi casa.

- Puedo hacerte una si quieres, una especialmente para ti.

- Sería todo un honor para mí – digo emocionado.

- Para mí también sería un honor poder leer tus escritos.

- Cuando tenga la confianza suficiente lo haré, lo prometo.

- Estaré esperando por ello – sonríe ampliamente – y quizás en un futuro pueda ilustrar alguno de tus libros.

- ¿En serio harías eso por mí? – Pregunto sintiendo un ligero cosquilleo en mi estómago.

- Estaría encantado – dice de una manera tan dulce y tan sincera que simplemente me hace sonrojar, haciéndome sentir muy feliz y motivado.


*Yuri*

Desde lo ocurrido ésta mañana el Rey ha estado más pegajoso conmigo de lo que usualmente lo hace cuando no está el señor Kei, quién últimamente se ausenta más de lo acostumbrado, sintiéndome un poco preocupado por si está enfermo o algo parecido, pero no puedo y no quiero pensar mucho en eso cuando en estos momentos me encuentro sobre las piernas de su majestad, sintiendo sus labios sobre mi nuca, mientras sus manos acarician mi pecho.

- Yuri… - Susurra en mi oído, haciéndome estremecer, él sabe muy bien lo que me provoca con su voz.

- Su majestad… - Jadeo al sentir sus manos deslizarse ahora sobre mis piernas, apretándolas un poco – es mejor dejarlo así por ahora – digo con todo el dolor de mi alma, no quisiera separarme nunca de él, pero éste no es el momento ni el lugar para estas cosas y no es que me disguste o algo parecido, antes no quiero que se detenga, pero no quiero que nadie nos vea en ésta posición tan comprometedora, menos si es alguno de mis padres.

- Lo… Lo siento… - dice apartando sus manos de mi cuerpo - ¿me excedí demasiado? – Pregunta mirándome con preocupación.

- Para nada – digo ladeando un poco mi cuerpo para poder verlo de frente – es sólo que debemos de ser más discretos.

- Cada día se me hace más complicado serlo – sonríe besando mi mejilla.

- ¿Estás preocupado? Hoy estás más intenso de lo habitual – río un poco divertido al verlo sonrojarse de la vergüenza – ya te he dicho que no debes de sentirte así y menos por tu hermano ¿por qué te preocupa tanto? – Pregunto, aun sabiendo el motivo de su preocupación y también la razón por la que posiblemente Yuto me citó para que habláramos de según él de algo importante.

- No voy a negar que lo estoy – dice apoyando su frente en mi hombro, notablemente avergonzado de sentirse tan inseguro.

- Te amo Yuya – digo llevando mis labios a los suyos para darle un casto beso, uno con el que deseo transmitirle todo lo que siento por él.

- Te amo Yuri – dice sonriendo de la manera más linda, haciendo que mi corazón rebote de alegría, no podría amar a nadie más que a él.

- Estaré aquí para cuando empiece nuestra lección nocturna de idiomas – digo con picardía, notando al rey tensarse un poco, le preocupa mucho que en algún momento se le vaya la mano en nuestra sesión de besos y caricias después de estudiar, pero en verdad me encantaría que lo hiciera.

- Te estaré esperando – dice dándome otro beso en la mejilla – pero primero tenemos que terminar con éste papeleo – dice mirando la enorme pila de papeles sobre el escritorio, dándonos un último beso antes de levantarme con pesar de sus piernas y concentrarnos en trabajar.


*Yuto*

El atardecer llegó y con éste el momento que más temía que llegara, preguntándome por enésima vez si era necesario hacerlo, si valía la pena tomar el riesgo por algo que claramente tendría una respuesta poco favorable. Convenciéndome finalmente que si quiero pasar la página tengo que hacerlo, tengo que escuchar de su propia boca su rechazo, porque si no lo hago posiblemente una parte de mí mantendrá la esperanza.

- ¿Estás listo? – Pregunta Rihito tomando fuertemente mi mano, haciéndome sentir acompañado y con fuerzas para seguir adelante con mi cometido.

- Lo estoy – digo firmemente, afianzando el agarre de mi mano con la suya. Aunque ha sido corto el tiempo que hemos convivido juntos, me siento en paz cuando estoy a su lado.

- Te deseo la mejor de las suertes – dice con una leve sonrisa, acto que por alguna razón hace que mi corazón se sienta estrujado – sea cual sea el resultado estaré aquí esperándote.

- Gracias nuevamente - digo dándole un fuerte abrazo antes de encaminarme hacia el jardín, lugar en el que anteriormente habíamos acordado que sería nuestro lugar de encuentro, lamentándome un poco de no poder disfrutar del hermoso atardecer de lo nervioso que me siento.

- Buenas tardes Yuto – dice Yuri al llegar, dando un brinco del susto porque estaba tan metido en mis pensamientos que no me había dado cuenta de que ya había llegado.

- Bu… Buenas tardes Yuri – respondo nerviosamente, manteniendo mi distancia hacia él.

- ¿De qué querías hablar conmigo? – Pregunta mientras mira el atardecer con una leve sonrisa.

- ¡Me gustas! – Exclamo fijando también mis ojos sobre aquel bello atardecer, como si ambos tratásemos de no hacer contacto visual con el otro. No sé si sentirme ofendido o aliviado por tal acción – pero no el gustar como un amigo – continúo – me gustas como hombre, estoy… Enamorado de ti desde hace mucho tiempo.

- Entiendo – responde haciendo que mis nervios se pongan de punta – muchas gracias por albergar aquellos sentimientos por mí, pero lamento mucho no poder corresponderlos como se merecen – dice con tristeza.

- No te preocupes, sabía que ésta iba a ser tu respuesta – digo dirigiendo mi mirada hacía él, encontrándome con la suya, igual de triste que sus anteriores palabras.

- En verdad lo lamento mucho – vuelve a repetir.

- Estás enamorado de mi hermano ¿no es así? – Suelto de repente, notando su mirada de total sorpresa.

- Sí – afirma luego de unos segundos, sorprendido por hallarse descubierto, sintiendo como si una aguja se clavara en mi corazón.

- ¿Y él lo sabe? ¿Te corresponde?

- Lo sabe y realmente lo hace, me ama tanto como yo a él – responde sin duda alguna en su voz, con un sonrojo que parece mezclarse con el naranja del atardecer, anhelando por un momento que aquellas palabras fuesen dirigidas a mí, pero ya ésta batalla la tenía perdida desde el principio.

- Ya veo… - Suspiro profundamente.

- Lamento si no he podido darte la respuesta que esperabas…

- No te disculpes – sonrío - ya sabía antes de venir aquí que ésta sería tu respuesta y he de decir que envidio a mi hermano por ser el dueño de tus afectos, pero él es un buen hombre y estoy seguro de que te atesorará más que a nada en el mundo, así que de todo corazón les deseo mucha felicidad en su relación.

- Gracias – sonríe dulcemente – pero por favor no le digas a nadie sobre…

- No le diré a nadie, su secreto está a salvo conmigo – digo con honestidad.

- Se lo agradezco príncipe – dice haciendo una reverencia.

- ¡No seas tan formal conmigo! – Exclamo riendo un poco divertido – agradezco que hayas venido, no sabes lo mucho que lo valoro.

- ¿Estarás bien? – Pregunta preocupado.

- No hay de qué preocuparse, puedes retirarte si gustas – digo con una sonrisa, una sonrisa que camufla todo lo que estoy sintiendo en estos momentos, mientras Yuri se despide antes de retirarse, dejándome ahí solo, contemplando cómo el sol se oculta entre las montañas.

Me quedo ahí de pie, inmóvil, sin expresión alguna en mi rostro, sin consciencia total del tiempo hasta que comienzo a divisar las estrellas en el cielo, sintiendo de repente un par de brazos rodeando mi cintura y una cabeza apoyándose en mi pecho, sabiendo perfectamente que se trata de Rihito, quién me abraza fuertemente, notando cómo mis lágrimas comienzan a brotar desenfrenadas de mis ojos, aferrándome al pequeño cuerpo que me consuela en sus brazos sin decir palabra alguna, sólo sintiendo el cómo mi pecho comienza a sentirse húmedo.


*Yuya*

Camino de un lado a otro dentro del despacho, sintiéndome ansioso y preocupado por la llegada de Yuri. Completamente avergonzado por la actitud que había adoptado el día de hoy, tan posesivo y celoso… Y no es que dude de los sentimientos de Yuri hacia mí, sino que a veces no me considero lo suficiente para él.

- Que problema – suspiro sentándome de nueva cuenta en uno de los muebles del lugar, volviendo a levantarme por los nervios.

¿De esto se trata el estar enamorado?

Pregunto para mí mismo, en mis pensamientos, los que agradezco nadie pueda escuchar, es la primera vez que siento algo así por alguien y me abruma demasiado la intensidad con la que lo estoy viviendo ¿es normal sentirse así? ¿Sentir que sólo me siento en paz y completo en sus brazos? Y no es sólo ese el problema, también me preocupan los crecientes deseos carnales que tengo hacía él.


- Su majestad, no sabía que disfrutaba de ese tipo de literatura – preguntó Takuto alguna vez que me encontró leyendo a escondidas una novela erótica en la biblioteca, poniéndome de todos los colores habidos y por haber de la pena que me dio ser descubierto.

- Bueno, la verdad no es que me guste del todo – dije ocultando mi rostro con aquel libro – es más bien con fines académicos.

- ¿Fines académicos? – Preguntó, riendo después de un rato al comprender la razón de tan bochornoso momento – Su majestad, me disculpará por lo que voy a preguntarle ¿pero usted es virgen? – Preguntó serio, sin intención de burlarse.

- Sí… - Susurré estampando cada vez más mi rostro en aquel libro, apenado, humillado – le preguntaría a Hikaru o a Kota, pero ellos son los padres de Yuri y sería realmente incómodo pedirles consejos sobre cómo debería intimar con su hijo – dije pensando que eso sonaba muy raro – y tampoco le pregunto a Kei porque quizás se le vaya la lengua con ellos.

- Entiendo – ríe - aunque no niego que quizás un libro de aquellos pueda ayudarle – sonrió amable – pero creo que el mejor consejo que puedo darle al respecto es que simplemente se deje llevar por el momento, que ambos puedan disfrutar de aquella intimidad.

- ¿Crees que eso sea suficiente?

- No es necesario que lo pienses tanto, si el joven Yuri está de acuerdo ¿por qué no simplemente lo hacen?


De un momento a otro se abrió la puerta de mi despacho, encontrándome con un Yuri cabizbajo y con su precioso rostro empapado en lágrimas, yendo a abrazarlo de inmediato, cerrando la puerta con seguro para que nadie pueda interrumpirnos.

- Está bien si hoy no estudiamos – digo acariciando suavemente su cabello, dejándome fundir ante ese abrazo tan necesitado de consuelo.

Sé lo mucho que aprecia Yuri a mi hermano y sea lo que sea que hayan hablado tuvo que ser muy difícil para él, así que por ahora voy a concentrarme en estar para él y consolarle.

CONTINUARÁ...



27 nov 2025

COMPASS ROSE - Capítulo 44

Hola hola!!!!

¿Cómo están? Espero que muy bien y si no es así les mando un súper fuerte abrazo de oso y espero que éste nuevo capítulo les saque una gran sonrisa 🥰

Primero que todo muchas gracias por su continuo apoyo y amor a mis fanfics, no saben lo mucho que me alegra leer sus comentarios y me animan muchísimo 💕

Casi siempre mis historias las escribo sobre la marcha, puedo tener algunas cosas muy claras pero otras pueden variar y éste va a ser uno de los casos, espero puedan darle mucho amor a éste nuevo personaje que entra a la historia 💕

Gracias nuevamente y nos leemos en Diciembre 💕



Tema: COMPASS ROSE
Extensión: Serial 
Parejas: Varias
Autora: Akari-chan


Capítulo 44

*Yuya*

- Su majestad ¿qué le pareció el obsequio al joven Yuri? – Pregunta Takuto segundos después de entrar a mi despacho y reverenciarse, aprovechando el que había llegado temprano para hablar con él.

- Le encantó – respondo con una gran sonrisa, recordando el rostro completamente asustado de mi amado, mientras que yo trataba en lo posible de no delatarme e ir a abrazarlo y confesarle que aquel bello obsequio venía de mi parte – hiciste un buen trabajo, muchas gracias.

- Yo no hice mucho su alteza – sonríe – la flor que usted escogió es muy bella, sólo hice todo tal cual me lo ordenó ¿necesita que haga algo más?

- Sí, por eso te he llamado – digo extendiéndole un papelito – aquí están las indicaciones del siguiente regalo, por favor recuerda mantener el mayor anonimato posible.

- Claro que lo haré su majestad, puede confiar en ello.

- Listo, entonces ya puedes retirarte.

- Que tengas un agradable día su alteza.

- Igualmente – digo viendo a éste reverenciarse antes de salir del despacho, quedando solo en espera de Kei y mi adorable Yuri. Comenzando a preocuparme al notar la hora y Yuri no ha llegado, él siempre es muy puntual.

Después de meditarlo por unos segundos salgo del despacho tremendamente preocupado ¿y si le pasó algo? ¿O si está enfermo? Pregunto para mis adentros, recordando que a la hora del desayuno Hikaru no me había dicho algo al respecto así que podría no ser eso. Y mientras seguía pensando en un montón de escenarios posibles lo encuentro por fin en uno de los pasillos, junto con mi hermano Yuto, sintiendo cierta presión en mi pecho.

- Buenos días – digo interrumpiendo su conversación, sorprendiéndome de hacer tal cosa, ya que no suelo inmiscuirme en conversaciones ajenas.

- Buenos días hermano – responde Yuto con una sonrisa.

- Su majestad, buenos días – dice Yuri también sonriente.

- Que sorpresa encontrarlos por aquí – digo tratando de ocultar mi voz molesta, acercándome un poco más a Yuri.

- Estaba quedando con Yuri de conversar sobre algo importante cuando termine su trabajo – dice Yuto.

- Sí, eso estábamos haciendo – confirma Yuri.

- Entiendo – digo sintiéndome ahora apenado.

- Bueno, entonces así quedamos – dice Yuto – nos vemos más tarde.

- Hasta la tarde – responde Yuri viendo como éste se aleja con prisa - ya iba de camino al despacho ¿necesitabas algo? – Pregunta preocupado, a lo que yo lo tomo suavemente de la cintura y escondiéndonos detrás de un muro lo beso de manera apasionada, sintiendo sus brazos envolver mi cintura – su majestad… Alguien podría vernos… - Dice entre besos, sin intención de alejarme.

- Lo siento, es sólo que me preocupé de que no llegaras – digo avergonzado por comportarme de tal manera ¿será esto a lo que llaman celos? ¿Estaba celoso de la cercanía de mi novio con mi hermano más pequeño?

- ¿Estás celoso? – Pregunta sin titubeo alguno, sonriendo de una manera tan pícara que me hace estremecer por completo, pero al mismo tiempo haciéndome sentir más tranquilo.

- Quizás un poco… - Respondo resignado.

- Yo sólo tengo ojos para ti – dice sin apartar su mirada de la mía, tomando mi rostro con sus suaves manos – los he tenido desde el primer momento en el que te vi – susurra con su rostro enrojecido, sin poder evitar llenar de dulces besos cada rincón de éste – es mejor que vayamos a trabajar – dice apartándome un poco, pero vuelvo a acercar mis labios a los suyos besándolo con la misma intensidad de antes hasta separarnos por la falta de aire, sintiéndome complacido de ver su rostro enrojecido y jadeante.

- Será mejor que vayamos a trabajar – digo al separarnos, dándole un dulce beso en la frente contrastando con la acción anteriormente hecha, tomando nuestro camino de regreso a mi despacho mientras nuestros meñiques están entrelazados.


*Masaki*

Desde que tengo uso de razón mis padres viven constantemente viajando, llevándome con ellos a diferentes lugares, conociendo otros idiomas, gastronomías y culturas, sintiéndome parte del mundo y a la vez de ningún lugar, hasta que cierto día lo conocí a él, encontrando mi lugar al ser rodeado por sus brazos.

- Hijo mío ¿ya estás listo? – Pregunta mi madre asomándose por la puerta de mi habitación, con sus ojos notablemente hinchados quizás de tanto llorar.

- Mamá… - Digo acercándome a ella, dándole un fuerte abrazo al que soy correspondido de la misma manera - ¿por qué lloras? No es que me vaya a ir para siempre.

- Lo siento, es que no puedo asimilar que ya seas un adulto – dice entre sollozos.

- Sólo me iré por unos días, conoceré a mi prometido, pasaré tiempo con él y regresaré a ser el niño consentido de mi querida madre – digo dándole un beso en la mejilla.

- No te apresures por mí, tómate el tiempo para conocer a tu prometido – dice apartándose un poco de mí, para mostrarme una de sus más cálidas sonrisas - ¿cómo te sientes?

- Muy nervioso – río – no sé qué esperar realmente ¿crees que le gustaré?

- Eres hermoso mi niño – dice mientras acaricia mi mejilla – caerá rendido a tus pies cuando te vea.

- Ojalá así sea – suspiro, esperando que sea igualmente para mí - ¿y es guapo?

- No he tenido el honor de verlo actualmente, pero por lo que he escuchado y puedo recordar de cuando era un niño es muy buen mozo – dice con una gran sonrisa - además de que es un caballero real, así que tiene un alto estatus en la sociedad.

- Ya veo…

- ¿Todavía piensas en ese chico? – Pregunta preocupada, pero a la vez comprensiva.

- A veces… - Suspiro profundo – pero ya me hice a la idea de que jamás lo volveré a ver, así que estoy dispuesto a seguir adelante, no puedo estar pensando eternamente en alguien que vi por unos minutos hace dos años.

- Lamento mucho que no hayas podido encontrarlo, me hubiese encantado mucho conocerlo y agradecerle por ayudarte.

- Masaki ¿ya estás listo? – Pregunta mi padre desde afuera de mi habitación – el carruaje ya está esperándote afuera.

- Sí ¡en un momento bajo! – Exclamo, terminando de alistarme con ayuda de mi madre, cerciorándome de que no se me haya quedado algo importante, para después si salir en compañía de ella de mi habitación a la puerta principal de nuestra casa.

- Que tengas un buen viaje hijo – dice mi padre mientras me da un abrazo.

- Gracias papá – sonrío correspondiendo al abrazo – voy a echarlos mucho de menos.

- Nosotros también – dice con algo de tristeza – pórtate bien y si quieres volver antes no dudes en hacerlo.

- Lo tendré en cuenta padre.

- ¿Estás seguro de ir solo? – Pregunta mi madre preocupada - ¿No quisieras que uno de nuestros sirvientes te acompañen?

- No te preocupes, estaré bien - sonrío - sé defenderme muy bien - río divertido, abrazándola por última vez al igual que a mi padre antes de subirme al carruaje, sintiendo una inquietud en el pecho, auto convenciéndome de que lo mejor será olvidarme de ese chico y abrirle las puertas de mi corazón al que será mi prometido y posteriormente mi esposo.


Caminaba con prisa por las solitarias calles de un pueblo, mis padres habían decidido que descansaríamos en éste por ese día para que al día siguiente a primera hora continuáramos con nuestro viaje. Así que desde que llegamos me dispuse a explorar éste, prometiendo que regresaría antes de que anocheciera, pero me distraje viendo una actuación de teatro callejero, que cuando quise darme cuenta ya me había pasado de la hora de regreso.

- Mi madre se va a molestar – susurré sin disminuir la velocidad de mi caminar, viendo a lo lejos a tres hombres de aspecto hostil de pie en una esquina, decidiendo de inmediato cruzar la calle para no toparme de frente con ellos, pero lastimosamente mi estrategia no funcionó.

- ¿Qué hace alguien tan lindo como tú tan solito? – Preguntó uno de ellos mirándome de arriba abajo como si fuese un pedazo de carne, sintiendo un escalofrío recorrer todo mi cuerpo.

- ¿Eres nuevo en el pueblo? No recuerdo haberte visto antes – dijo otro acercándose más de la cuenta, pero mi cuerpo no quería moverse preso del miedo.

- ¿Te ha comido la lengua los ratones? – Preguntó el tercero, llevando su mano a mi rostro, sintiéndome asqueado por su tacto - ¿no te gustaría pasar un buen rato con nosotros?

- No estoy interesado… - Dije apartándome un poco, queriendo escabullirme pero me tenían acorralado.

- Vamos, te va a gustar…

- ¿Acaso no están escuchando que no está interesado? – Dijo una cuarta voz, tumbando a uno de esos hombres de un puñetazo, al mismo tiempo que de una manera casi imperceptible me encontraba ya rodeado entre sus brazos.

- Qué… ¿Quién eres tú? – Preguntó uno de los tipos abalanzándose hacia nosotros siendo esquivado rápidamente, mientras que mi salvador misterioso me cargaba como a una princesa, propinándole una certera patada en su parte baja, haciéndolo caer al suelo junto al otro que se hallaba inconsciente.

- ¿Y tú? ¿No piensas hacer nada? – Dice mirando al otro hombre de una manera que hasta a mí me hizo temblar de miedo, pero también notando que se trataba de un joven muy apuesto.

- Yo mejor me voy – dijo aquel tipo escabulléndose como la rata que era, desapareciendo en la oscuridad de las calles.

- ¿Estás bien? ¿Te hicieron algo? – Preguntó en un tono más suave, observando todo mi cuerpo como si buscara alguna herida, haciéndome sentir nervioso ante su mirada.

- E… Estoy bien… - Respondí con voz temblorosa - ¿Usted también está bien? Esos golpes que les diste se vieron muy fuertes.

- Fue como la picadura de un mosquito para mí – rió divertido - ¿no eres de aquí cierto?- Preguntó con una leve sonrisa, a lo que yo asiento afirmativamente – Apenas cae el sol en éste lugar se vuelve muy peligroso para cualquiera, sobre todo para chicos tan hermosos como tú.

- Y si es tan peligroso ¿qué haces aquí?

- Bueno, si no hubiese estado aquí en estos momentos quién sabe que te hubiesen hecho esos tipos – respondió con seriedad.

- Tienes razón – suspiré - en ese caso, muchas gracias – dije apartando mi mirada de él, sintiendo mi corazón latir con fuerza, aunque no logré determinar en ese momento si era por lo acontecido anteriormente o porque aquel hombre me hacía sentir cosas que jamás había sentido por ningún otro – Pu… ¿Puedes bajarme?- Pregunté notando que todavía me encontraba siendo alzado por sus brazos.

- Cla… Claro, una disculpa – respondió bajándome con suavidad, viendo que somos casi del mismo tamaño - ¿estamos lejos de donde te estás quedando?

- No, de hecho dando la vuelta a ésta calle está el hotel.

- ¿Quieres que te acompañe? No podría dormir ésta noche de pensar que podría pasarte algo – dijo notablemente preocupado, haciendo que me sonroje por tan bellas palabras, pero dudé un poco de si aceptar su propuesta ¿y si se trataba de algún degenerado tratando de que bajara la guardia y violentarme después?- No soy ningún degenerado si es lo que estás pensando.

- ¡No estaba pensando en eso! – Exclamé avergonzado de que pudiese de alguna manera descifrar lo que pensaba – pero si deseas acompañarme no pondré objeción alguna.

- Está bien, así podré estar más tranquilo – dijo sonriente, comenzando a caminar ambos a la misma velocidad, la más lentamente posible, como si tratásemos de extender esos minutos antes de la inminente separación. Llegando más pronto de lo que hubiese querido al hotel en el que me estaba quedando junto a mis padres.

- Aquí es… - Dije al estar ambos frente al hotel – muchas gracias por acompañarme y por lo de hace un rato, me has salvado de algo muy aterrador.

- No es nada – dijo con una linda sonrisa – pero ten más cuidado de ahora en adelante.

- Lo tendré en cuenta – respondí con firmeza, dándole un último vistazo a ese joven antes de entrar al hotel, arrepintiéndome segundos después de no haber preguntado su nombre y cuando quise hacerlo éste ya se había esfumado.


Aquella noche recibí el gran regaño de mi vida de parte de mis padres, que al saber de mi propia boca lo que había ocurrido me prohibieron por varios meses salir solo, así que decidí entrenar por mi cuenta y volverme fuerte para no volver a pasar por algo así.

- ¿Dónde estarás ahora? ¿Pensarás en mí? – Digo mirando el paisaje a través de la ventana, con un dejo de tristeza en mi voz, permitiéndome una vez más pensar en él, antes de que mi corazón y mi cuerpo pertenezcan a otra persona.


*Keito*

- Me pregunto que habrá sido de ese chico – susurro mientras paseo por los campos, sin quitar la vista de encima del príncipe Ryosuke, quién se encuentra plantando zanahorias junto a su amado, el señor Hikaru.

Ésta mañana antes de despertar había soñado de nueva cuenta con aquel chico que salvé en un pueblo alejado de Ichigoland hace más de dos años, de vez en cuando ocurría, en ocasiones reviviendo ese momento y en otras yendo a situaciones un poco más íntimas y el de hoy justamente fue uno de esos subidos de tono.

En ese tiempo me habían dado unos días libres después de una misión que pude concretar con éxito, yendo a aquel pueblo junto con otros compañeros, mezclándonos entre la gente como civiles. Mis amigos habían decidido ir a beber, pero yo preferí devolverme al hostal donde nos hospedábamos, habíamos llegado ese mismo día en la madrugada y pues la verdad ansiaba descansar; siendo mis planes interrumpidos al ver a tres tipos acorralando a un jovencito que claramente se veía asustado ante estos.

Como caballero real mi prioridad es velar por la seguridad de los miembros de la realeza, así que pocas o nulas veces me metía en situaciones que no tuviera que ver con estos, pero simplemente no pude ignorarlo y como si algo me impulsara a hacerlo me acerqué a ellos y tomé al jovencito entre mis brazos, acabando con dos de ellos de un solo golpe a cada uno, mientras el tercero huía como un cobarde.

Ese chico era sin duda precioso, una belleza que podía cautivar a cualquiera y claramente yo no fui la excepción y no podía negar que aún a día de hoy añoraba de alguna forma volverlo a ver y me lamentaba mucho el no haber podido preguntarle siquiera su nombre, porque ni siquiera lo que siento por el príncipe Yuto hace que me olvide enteramente de él.

CONTINUARÁ...




30 oct 2025

COMPASS ROSE - Capítulo 43

Hola hola!!!!!

¿Cómo están? Espero que muy bien y si no es así les mando un súper fuerte abrazo de oso y espero que éste nuevo capítulo les saque una gran sonrisa 🥰

Hoy si hago la entrada súper rapidita porque estoy laburando, pero no sin antes agradecerles por todos sus lindos comentarios y apoyo a mis fics 💕

Muchas gracias, espero les guste y nos leemos nuevamente en el siguiente mes 🥰




Tema: COMPASS ROSE
Extensión: Serial 
Parejas: Varias
Autora: Akari-chan


Capítulo 43

*Yuri*

Varias semanas han transcurrido desde que iniciaron mis clases de idioma junto con el Rey, sintiéndome orgulloso al igual que él del gran avance que he tenido en el transcurso de éste, recibiendo como recompensa una sesión de besos y ligeras caricias después de cada clase; enterneciéndome de lo nervioso que se pone el Rey cada que se intensifican nuestras acciones, más específicamente cuando comenzamos a acariciarnos por debajo de la ropa, teniendo que detenernos siempre con la excusa de que ya se hace tarde para irnos a dormir, pero lejos de molestarme he de decir que adoro saber que todas esas sensaciones son provocadas por mí y que el Rey al igual que yo estamos loquitos por el otro.

- ¿Dormiste bien anoche Yuri?

- Sí, su majestad – respondo sonrojado, ya que anoche había sido una de las tantas en las que nos quedábamos juntos hasta altas horas de la noche - ¿Y usted? – Pregunto al ver todavía su rostro un poco cansado, aprovechando la posición en la que estoy para que el señor Kei no vea que estoy acariciando la mano del Rey.

- No creo que tan bien como tú - responde correspondiendo a mi tacto, besando el dorso de mi mano fugazmente – tratemos de no quedarnos hasta tan tarde ésta noche – dice en voz muy baja.

- Lo intentaremos – digo con picardía, recibiendo un gran sonrojo de su parte.

- Yuri ¿me puedes ayudar con esto? – Pregunta el señor Kei desde la estantería en donde está.

- Sí, señor – digo acercándome rápidamente a éste, ayudándole a sacar un libro que se había atorado.

- Muchas gracias – dice con una sonrisa – creo que estoy perdiendo algo de fuerza.

- ¿Seguro que estás bien señor Kei? – Pregunto un tanto preocupado, últimamente he notado a éste diferente, un poco más pálido e inclusive delgado.

- Claro que estoy bien ¿por qué lo preguntas?

- Por nada en especial, es sólo que…

- No te preocupes tanto por mí, estoy más que bien – dice con una sonrisa – es sólo que los años no llegan solos.

- Usted no es para nada viejo señor Kei.

- Me halaga escuchar eso – ríe – pero no te preocupes tanto por mí, estoy bien, en serio – dice en un tono más serio, pero sin borrar aquella genuina sonrisa de su rostro.

- Está bien…

- ¡Buenos días! – Exclama mi papá Hikaru abriendo la puerta de un tirón sin haber tocado antes, entrando con un cofre entre sus manos.

- ¡Hikaru! ¿Cuántas veces te he dicho que toques la puerta antes de entrar? – Pregunta el Rey notablemente molesto.

- Lo siento, lo siento – dice mi papá sin darle importancia, acercándose a mí.

- ¿Y éste cofre? – Pregunto al ver que extiendo sus brazos.

- Es un regalo para ti – dice con una enorme sonrisa.

- ¿Para mí? – Pregunto confundido - ¿De parte de quién?

- No lo sé, pero tal parece es de parte de uno de tus pretendientes misteriosos – sonríe.

- Pero papá, te dije que no recibieras más regalos de pretendientes desconocidos – digo un poco enojado.

- Éste no me lo dieron en el pueblo – dice haciendo un puchero - llegó directamente al castillo, yo solamente pasaba por la entrada cuando escuché al mensajero decir tu nombre a uno de los guardias y me ofrecí amablemente a traerlo hacia ti.

- ¿Y qué es?

- No lo sé, eso tienes que averiguarlo – dice volviendo a extender el cofre hacia mí.

- ¿Está bien que lo reciba? – Pregunto mirando de reojo al rey, quién no tiene expresión alguna en su rostro ¿Y si está molesto?

- Ábrelo y salimos de dudas – dice mi papá muy emocionado, como si para él fuese el detalle. Suspiro profundo, tomando el cofre en mis manos, poniéndolo sobre una mesita que hay en el despacho, sintiéndome preocupado por lo que pueda pensar el Rey, no quiero tener problemas con él y menos cuando todo va demasiado bien entre nosotros, pero su nula expresión me tiene con los nervios de punta. Después de pensarlo por unos segundos, que se me hicieron eternos debido a lo expectantes que estaban cada uno de los asistentes, abro el cofre rápidamente, encontrándome con lo que parece un frasco, sacándolo con cuidado, maravillándome por su contenido.

- Esto es…

- ¡Es una rosa eterna! – Exclama mi papá con emoción.

- Está muy linda… - Digo en un susurro, pero siento que no debería de alegrarme por un regalo así viniendo de alguien que no conozco.

- Las rosas blancas simbolizan un amor puro y eterno, la persona que te lo ha mandado parece que tiene fuertes sentimientos por ti – dice el señor Kei.

- No sé si deba aceptarlo… - Digo volviendo mi mirada a su majestad, como si buscase alguna respuesta de su parte.

- Creo que deberías de recibirla – dice con una leve sonrisa – es un detalle muy bonito ¿no crees?

- Lo es pero… - Respondo todavía con dudas al respecto.

- Recíbelo hijo, de vez en cuando no está mal recibir uno que otro regalo.

- No seas tan duro contigo Yuri – dice el señor Kei con una amable sonrisa.

- Está bien, lo aceptaré – suspiro, volviendo a meter el frasco en el cofre que por dentro está tapizado de terciopelo rojo.

- ¿Quieres que lo lleve a tu habitación? – Pregunta mi padre, tomando nuevamente el cofre entre sus manos.

- Sí, por favor…

- ¿Puedo acompañarte? Quiero ir por unos bocadillos – dice el señor Kei a mi padre.

- Pero no hace mucho fue el desayuno – dice mi padre mirándolo con confusión.

- Sí, pero me está dando hambre ahora – dice mientras hace un puchero, de verdad que el señor Kei ha estado actuando extraño desde su regreso de Cottonland.

- Bien, vamos – dice mi padre resignado, saliendo ambos del despacho con prisa, volviendo a sentirme angustiado de estar a solas con su majestad, buscando las palabras correctas para tratar de explicarle lo ocurrido hace minutos, aunque la verdad no creo que tenga sentido explicarle algo que se sale completamente de mis manos. Sintiendo de repente sus brazos rodeando mi cintura, apoyando su mentón sobre mi hombro derecho.

- Yuya yo no…

- ¿Te gustó mi regalo? – Pregunta mientras deposita un dulce beso en mi cuello, haciéndome estremecer.

- Tu… ¿Tú regalo? – Pregunto confundido, acaso ese cofre…

- Perdón si te he asustado con mi expresión anterior – ríe divertido – es sólo que estaba evitando a toda costa no delatarme.

- En verdad estaba muy angustiado – digo entre risas nerviosas – pensé que quizás estabas molesto…

- Lamento mucho si he hecho que te angusties, no era mi intención, tampoco el que tu padre fuese el que lo recibiera – dice apenado, girándome para quedar ambos frente a frente - ¿Te gustó? – Pregunta nuevamente, mirándome con dulzura.

- Me encantó – digo sonriendo ampliamente, aunque lamentándome por no haber reaccionado como el Rey hubiese deseado al no saber qué tan bello obsequio venía de su parte – me gustó mucho – digo llevando mis labios a los suyos, queriendo transmitirle con éste todo lo que estoy sintiendo – aunque no debiste molestarte.

- No es molestia – sonríe – además si hay un centenar de hombres pretendiéndote y enviándote regalos ¿por qué no puedo hacerlo yo que soy tu novio? – Pregunta pegándome más a su cuerpo, sujetando mi cintura con sus manos, besándome nuevamente pero con fiereza, haciéndome perder el aliento por unos segundos…

- Su majes… Yuya… - Digo después de deshecho el beso, con mi cuerpo temblando por lo intenso que ha sido, pero anhelando más de éste…

- Es mejor dejar así por ahora - dice con una risa nerviosa, pero con su rostro tal vez más rojo que el mío.

- Sí… - Digo mientras nos apartamos un poco, sin querer hacerlo realmente, pero alguien podría llegar y sería desastroso si ocurriera, pero eso no evita que de vez en cuando le diera un beso sorpresa al rey, siendo cada uno recibido con la misma ternura, lo amo tanto que a veces siento que mi corazón va a salir de mi pecho.


*Kei*

- ¿Quién crees que habrá enviado esto? – Pregunto a Hikaru al momento en el que deja dicho objeto sobre el escritorio de Yuri.

- No tengo ni idea, pero sea quién sea esa persona ha de tener mucho dinero – dice con sus ojos brillantes de ilusión.

- Veo que te interesa mucho el nivel económico del que será su futuro esposo.

- Claro que me interesa, yo deseo lo mejor de lo mejor para mi hijo – dice con una amplia sonrisa – aunque no voy a infundirle de con quién debe estar, esa es una decisión que debe tomar él.

- Eres muy diferente a Kota en ese aspecto – digo entre risas.

- La verdad no somos muy diferentes – dice apenado – pero al menos trato de lidiar mejor con eso, aunque temo un poco por el yerno que vayamos a tener.

- Ambos han sido excelentes padres, no dudo que lleguen a ser muy buenos suegros.

- Haremos nuestro mejor esfuerzo – dice con una gran sonrisa, haciéndome sentir un leve escalofrío.

- ¿Y hoy no tenías que ir a los campos? – Pregunto cambiando de tema al salir de la habitación.

- No, tengo algunos asuntos que atender hoy – sonríe – mañana iré con el príncipe Ryosuke como ya es costumbre.

- Veo que desde su regreso al reino ambos se han vuelto muy cercanos.

- Sí, demasiado cercanos – sonríe – es un joven muy inteligente y es agradable trabajar con él, me ha ayudado mucho a decir verdad.

- En verdad es un buen chico.

- Señor Kei, señor Hikaru muy buenos días – dice mi príncipe al encontrarnos en el pasillo.

- Buenos días príncipe – respondemos al unísono, haciendo una leve reverencia, sintiendo mi corazón latir emocionado de verlo nuevamente después de varios días que estuvo fuera del reino por un compromiso importante, siendo ésta vez acompañado por Kota.

- ¿Cómo les fue en su viaje príncipe? – Pregunta Hikaru.

- Muy bien – sonríe – las negociaciones fueron todo un éxito, el señor Kota es demasiado bueno en ello.

- Kota es muy perspicaz y no da puntada sin dedal – dice Hikaru - me alegra mucho escuchar que todo salió cómo se esperaba – dice Hikaru - ¿Y dónde está él?

- Dijo que iría a casa de Ryutaro para entregarle unos regalos y que más tarde vendría con éste y Rihito.

- ¿Pero el joven Rihito no se estaba quedando aquí en el castillo? – Pregunto confundido.

- Sí, pero Kota decidió dejarlo en casa de Ryutaro mientras estaba fuera – responde Hikaru.

- Ya veo, con razón el príncipe Yuto estuvo saliendo durante las tardes después de terminar sus clases.

- Al parecer algo se está cosechando por ahí – dice Hikaru con una enorme sonrisa - bueno, entonces tendré que esperar a molestar a Kota más tarde – ríe – así que de momento me retiro, que pasen un gran día – dice despidiéndose de ambos no sin antes reverenciarse ante mi príncipe.

- ¿Tienes algo de tiempo? – Pregunta mi príncipe al ya no divisar a Hikaru en los alrededores.

- No sé si deba…

- Por favor – dice tomando suavemente mi mano, besándola con una delicadeza que me hace suspirar.

- Está bien, pero sólo un ratito, que tengo mucho trabajo por hacer – digo comenzando a caminar junto con mi príncipe, llegando a su habitación que es la más cercana a dónde estábamos, besándonos con anhelo al cerrar la puerta de ésta.

- Te extrañé tanto – dice besando dulcemente mi rostro, poniéndose de puntitas para poder hacerlo sin mayor conflicto, acto que me causa mucha gracia y ternura.

- Yo también te extrañé mucho, muchísimo – sonrío mientras me dejo hacer por él, siendo llevado hasta su cama, acostándonos sobre ésta con suavidad, notando cómo mi príncipe apoya su cabeza sobre mi pecho, notablemente agotado por el viaje - ¿quieres que me retire para que puedas descansar?

- No, no te vayas – dice mirándome con sus preciosos ojos, de una manera en la que me es muy difícil decirle que no.

- Pero tengo que trabajar – digo acariciando suavemente sus cabellos, arrullándolo para que pueda dormir mejor.

- Le inventaré alguna excusa a mi hermano – dice somnoliento – pero por favor quédate conmigo.

- Está bien, no me iré a ningún lado – digo completamente rendido ante la petición de mi príncipe, viendo que se ha quedado dormido después de dicha su última frase – espero el rey no se vaya a enojar – digo en un susurro, velando por el sueño de mi amado, tendré que esperar a bajar a comer algo más tarde.


*Keito*

- ¡Adelante! – Exclamo al escuchar unos golpecitos desde la puerta que conecta mi habitación con la del príncipe, totalmente seguro de que se trata de éste.

- ¿Te interrumpo en algo? – Pregunta éste asomando su cabeza por la puerta.

- Claro que no su alteza – digo levantándome de la cama rápidamente – sólo estaba descansando un poco – digo haciendo una reverencia ante éste - ¿En qué puedo ayudarle?

- No vine a verte porque requiera de darte alguna orden – dice con una cálida sonrisa – es sólo que me encuentro preocupado.

- ¿Sucedió algo con el señor Hikaru?

- No, claro que no – sonríe - ¿Puedo? – Pregunta señalando uno de los muebles que se encuentran en la habitación.

- No tienes ni por qué preguntármelo su alteza, por supuesto que puede sentarse.

- Gracias – dice tomando asiento de una manera muy elegante, digna de un príncipe como lo es él.

- ¿Entonces a qué se debe su visita príncipe? – Pregunto, notando cómo él hace una señal de que debería sentarme, cosa que hago pero en el borde de mi cama.

- Estoy muy preocupado por ti Keito.

- ¿Preocupado? ¿Pero por qué? – Pregunto sin entender a lo que se refiere, aunque la verdad sólo finjo no saberlo.

- Es que estás muy distante, más de lo que eres normalmente y eso me preocupa, sobre todo porque ya varios en el castillo me lo han comentado, incluido el príncipe Yuto.

- ¿El príncipe Yuto también? – Pregunto con sorpresa.

- Sí, ésta mañana me preguntó por ti y la verdad no quería hacerte sentir presionado con el tema, pero en verdad quiero saber qué te sucede.

- Su alteza yo… - Suspiro profundamente – lamento si lo he hecho preocupar.

- No te lamentes, es lo menos que puedo hacer por mi caballero y también amigo – sonríe con dulzura - ¿Esto tiene algo que ver con la carta que te envió el señor Kenichi la última vez?

- Sí.

- Lo suponía – suspira – a partir de ahí comenzaste a comportarte así - ¿te dieron alguna mala noticia?

- No sé si decir que es algo bueno o algo malo a decir verdad.

- ¿Y qué decía en la carta? Si es que se puede saber.

- Mi padre me ha comprometido con alguien de nuestro reino – digo bajando un poco la mirada.

- ¿Comprometido? ¿Con quién? ¿Lo conoces siquiera?

- La primera y última vez que lo vi fue cuando yo tenía cinco años y él uno – río al pensar en aquel vago recuerdo que se alberga en mi cabeza – a partir de ese día no volví a tener algún tipo de contacto con él ya que en su familia son todos mercaderes y se la pasan viajando constantemente, así que por eso me sorprendí de que mi padre me diera tal noticia.

- ¿Pero el compromiso es recién?

- Así es – sonrío amargamente – y la verdad no quiero aceptarlo.

- Es por el príncipe Yuto ¿verdad? – Pregunta recibiendo un asentimiento de mi parte – lo sabía.

- Creo que fui muy obvio su alteza – río apenado – Si he mantenido la distancia con todos es porque me siento muy confundido de lo que debería hacer – digo con sinceridad – y tampoco quiero que mi padre se moleste conmigo si lo rechazo.

- ¿Y qué piensas hacer?

- Le dije que podría mandarlo a éste reino para conocerlo, ya hablé con el Rey y me ha dado el permiso de que pueda alojarse aquí en el castillo – suspiro nuevamente – pero tengo pocas ganas de conocerle y perder alguna oportunidad que pudiese tener con el príncipe Yuto.

- ¿Y es recíproco de parte del príncipe?

- Me gustaría decir que sí, pero parece que no es el caso y menos cuando ha llegado ese otro chiquillo de quién parece no quiere despegarse – digo con algo de molestia.

- Suena bastante complicado – dice con una leve sonrisa - ¿Y cuándo llega tu prometido?

- La siguiente semana.

- ¿Y qué piensas hacer?

- No lo sé – digo preocupado, con un montón de posibles escenarios rondando por mi cabeza.

- Pues sea lo que sea que decidas trata de no lastimar a ninguno de los dos.

- Haré lo que crea que será lo mejor para todos.

CONTINUARÁ...