Hola hola!!!!!
¿Cómo están? Espero que muy bien y si no es así les mando un súper fuerte abrazo de oso y espero que éste nuevo capítulo les saque una gran sonrisa 🥰
Espero que todos hayan tenido un feliz inicio de Enero y que todas sus metas por pequeñitas que sean se cumplan, así que mucho ánimo en éste nuevo año, que espero poder organizarme mejor y traerles las siguientes partes de Heat y espero otras cositas 😅
Muchas gracias por estar un nuevo año aquí conmigo, que disfruten del capítulo 🤭
Capítulo 46
*Yuri*
Abro lentamente mis ojos mientras estiro mi cuerpo al
sentirme sobre una superficie suave y muy familiar, encontrándome con que estoy
en mi habitación.
- ¿Cómo? – Pregunto confundido, haciendo memoria de en
qué momento llegué a ésta, llegando rápidamente a la conclusión más certera –
su majestad… - Susurro avergonzado y al mismo tiempo emocionado de pensar que
el rey me trajo gentilmente hasta aquí, siendo cargado por sus brazos.
- Hijo ¿todavía no te has alistado? – Pregunta mi papá
Hikaru entrando a mi habitación sin siquiera tocar la puerta antes, un hábito
que mi padre Kota siempre le anda riñendo.
- ¿Alistado para qué?
- Pues para ir a trabajar ¿acaso no has visto qué hora
es?
- ¿La hora? ¡Ya voy tardísimo! – Exclamo levantándome de
mi cama después de ver el reloj, notando que voy diez minutos tarde, yendo
primeramente al cuarto de baño – gracias por venir a avisarme papá.
- No es nada, pasé por el despacho del Rey y al notar que
no habías llegado me preocupé y pues quise venir a ver si estabas bien.
- En serio, muchas gracias – digo agradecido.
- Por cierto hijo, a partir de la siguiente semana voy a
quedarme en casa de Don Carlos junto con el príncipe Ryosuke.
- ¿Y eso por qué? ¿Ha ocurrido algo? – Pregunto mientras
me lavo.
- No ha ocurrido nada de gravedad, pero hay mucho trabajo
por hacer así que hemos decidido quedarnos allá unos días y no tener que ir y
volver al castillo diariamente.
- Entiendo y realmente es lo mejor, siempre es un
trayecto largo – digo mientras salgo del cuarto de baño, yendo hacia mí armario
para buscar algo que ponerme.
- Íbamos a ir en ésta semana pero el príncipe insistió en
que quería conocer al prometido de Keito primero.
- ¿Keito tiene un prometido? – Pregunto sorprendido.
- Sí, recién se enteró él también de su compromiso hace
unos días.
- Espero que sea un buen chico, Keito es un buen
hombre.
- Pues tengo entendido que llega en estos días – dice
acercándose a mi escritorio, tomando entre sus manos la rosa eterna que me
regaló el Rey – parece que te gustó mucho éste regalo.
- Sí, es muy hermoso – sonrío sintiendo mi rostro
enrojecer.
- ¿Sabes quién pudo enviártelo?
- No ¿por qué lo pregustas?
- Porque es la primera vez que veo que conservas un
obsequio enviado por uno de tus pretendientes.
- Es un obsequio muy lindo, me daba pena botarlo.
- ¿En serio no estás interesado en alguien?
- Muy en serio papá – digo tratando enormemente de no
delatarme, de que en realidad estoy perdidamente enamorado de su majestad.
- Está bien, te dejaré para que termines de alistarte –
dice sonriente - iré al pueblo a hacer unos pendientes que tengo ¿quieres que
te traiga algo?
- No, no tengo algo en mente – digo pensativo - pero si
igualmente deseas traerme algo lo recibiré con gusto.
- Lo tendré en cuenta – dice acercándose para abrazarme y
besar mi mejilla – que tengas un buen día hijo.
- Igualmente papá – respondo correspondiendo al abrazo,
saliendo ambos de mi habitación y tomar caminos separados.
*Yuya*
- Qué raro que Yuri no haya llegado todavía – Pregunta
Kei al ver la hora en su reloj.
- Ayer tuvo un día algo difícil – suspiro – está bien si
llega un poco tarde hoy o si prefiere mejor tomarse el día libre.
- ¿Ocurrió algo grave ayer? – Pregunta preocupado.
- No sé si decir que es algo grave, pero si fue algo que
le afectó mucho anímicamente.
- Comprendo – dice con preocupación.
- ¿Y ya te encuentras mejor? Ayer no viniste.
- Siento mucho no haberme presentado – dice apenado -
pero es que me sentía con unas nauseas terribles, quizás comí algo que me cayó
mal.
- Es lo más probable, pero de todos modos deberías de
pedirle a Hikaru que te revise.
- Lo haré en cuanto pueda su alteza…
- ¡Siento mucho llegar tarde! – Exclama mi adorado Yuri
después de abrir la puerta estrepitosamente, respirando agitado, como si
hubiese venido corriendo.
- Justo estábamos preocupados de que no llegaras – dice
Kei - ¿estás bien?
- Sí, estoy bien, es sólo que me quedé dormido – sonríe
apenado – pero ya estoy aquí listo para trabajar.
- Bien, ahora que ya llegaste iré a la Biblioteca a dejar
estos libros y a traer otros que necesitamos – dice Kei, cargando varios en sus
brazos – Yuri ¿podrías ayudarme con la puerta?
- Claro ¿deseas que te ayude a llevarlos? Se ven muy
pesados.
- No, así estoy bien – sonríe – puedo con estos, no te
preocupes, ayuda al rey mientras regreso.
- Por supuesto – dice Yuri con una preciosa sonrisa,
quedándome embobado con ésta aún si no es una dedicada a mí, viendo cómo éste
cierra la puerta al momento que Kei se va.
- ¿En serio estás bien? – Pregunto preocupado,
indicándole que se acerque a mi lado – anoche te veías muy mal.
- Ya me encuentro mejor – sonríe, haciendo caso a mi
petición no dicha, sorprendiéndome del hecho que podemos comunicarnos sólo con
señas o gestos.
- Puedes tomarte el día libre si lo deseas – digo
tomándolo de la cintura suavemente, haciendo que se siente sobre mis piernas.
- No es necesario su majestad – sonríe con dulzura –
estar contigo me hace mucho bien, además estoy seguro de que más temprano que
tarde Yuto y yo seguiremos siendo amigos.
- Eso espero, no quiero que por mi culpa ustedes…
- No es culpa tuya majestad – dice rodeando mi cuello
entre sus brazos – desde el primer instante en el que te vi supe que quería
estar contigo, aunque en ese entonces no tenía claro de qué manera – ríe con
picardía - ¿anoche me cargaste a mi habitación? – Pregunta acercando un poco
más mi rostro al suyo.
- Sí… Te quedaste dormido entre mis brazos así que decidí
llevarte como a una princesita – río divertido – abrí la puerta con algo de
dificultad y te acomodé sobre la cama no sin antes darte un besito de buenas
noches sobre tu frente – digo afianzando mi agarre en su cintura.
- Te hubieses quedado conmigo – dice haciendo un
pucherito, no pudiendo evitar rozar mis labios con los suyos.
- No hubiese sido apropiado de mi parte quedarme en tu
habitación, al menos no los dos solos.
- ¿Por qué no? ¿Acaso es diferente a cuando nos quedamos
aquí hasta tarde en la noche para explorarnos?
- Bueno… Eso… Será mejor iniciar con el trabajo, no sea
que alguien llegue y nos vea y… - digo avergonzado por los pensamientos que
comienzan a cruzar por mi mente.
- Eres tan lindo – dice Yuri besándome dulcemente, acto
que correspondo de igual manera, convirtiéndose poco a poco en uno más intenso
y hambriento del otro.
- Será mejor dejar así por ahora… - Digo con mi
respiración agitada, volviendo a juntar nuestros labios en un roce.
- Te amo – dice con su precioso rostro sonrojado.
- Y yo te amo muchísimo más – digo con plena sinceridad,
reafirmando con mis palabras todo lo que siento por él; sintiendo cómo se
levanta de mis piernas, sin desear realmente que lo haga.
- ¿Qué es lo que hay que hacer para hoy? – Pregunta con
una enorme sonrisa, todavía enrojecido por las palabras previamente dichas,
dándole un último beso antes de comenzar con el ajetreado día de trabajo que
nos espera.
*Kei*
- En verdad creo que debí de pedir ayuda – digo mientras
camino hacia la Biblioteca con algo de esfuerzo – esto no es bueno para mi
condición…
- Señor ¿quiere que le ayude? – Pregunta una voz infantil
y desconocida, mirándome expectante ante la respuesta que pueda darle.
- ¡Yoshitaka! – Exclama uno de los caballeros reales,
Takuto, acercándose rápidamente al pequeño niño – te dije que no te alejaras.
- Papi, el señor necesita ayuda – dice el más pequeño
señalándome, haciendo caso omiso a la preocupación del que parece su padre.
- ¿Es tu hijo? – Pregunto sorprendido, sabía que Takuto
estaba casado pero no que tuviese un pequeño hijo.
- Señor Kei, le pido una disculpa – dice haciendo una
reverencia – sí, es mi hijo – sonríe - ¿quiere que le ayude?
- Sí, por favor – digo rendido, cediéndole los libros a
éste.
- Yo también quiero ayudar – dice el pequeñín, recibiendo
uno de los libros con total alegría de parte de su padre.
- No sabía que Fuma y tú tenían un hijo – digo mientras
seguimos caminando hacia la Biblioteca del castillo.
- Sí, es nuestro lindo retoño – sonríe mirando a su
hijito con profundo amor – hace meses andaba insistiendo en que quería conocer
el castillo y pues le pedí permiso al rey para traerlo, espero no les moleste.
- Por supuesto que no es molestia, Yoshitaka se ve que es
un niño muy educado y gentil – digo al mismo tiempo que llegamos a nuestro
lugar de destino.
- ¿Dónde debo de ponerlos? – Pregunta Takuto al momento
de entrar.
- A la sección de contabilidad – digo mientras nos
dirigimos a ésta, dejando los libros perfectamente acomodados en su lugar,
aprovechando el estar ahí para tomar los que llevaría al despacho del rey.
- ¿Cuántos años tienes Yoshitaka? - Pregunto al
pequeñín.
- Tengo cinco años Señor – responde levantando su mano,
indicándome con los dedos de ésta su edad.
- Ya eres todo un hombrecito – digo sonriente.
- Dice que cuando sea grande quiere ser un caballero como
nosotros sus padres.
- ¿Eso es verdad Yoshitaka?
- Sí Señor – dice con orgullo – quiero servirle a su
majestad y al reino cuando sea un hombre grande y fuerte.
- Estoy seguro de que lo serás – sonrío enternecido de
verlo – y estaremos muy encantados de tenerte trabajando en el castillo.
- Seré el mejor de los caballeros – dice con ilusión y
una amplia sonrisa el más pequeño.
- Por cierto ¿podrían llevar los libros al despacho del
Rey? Tengo que hacer algo…
- Por supuesto Señor – responde Takuto con una sonrisa
mientras que el pequeño Yoshitaka asiente con entusiasmo, tomando los libros
para dirigirse a su próximo destino.
Salgo unos segundos después de la Biblioteca para
dirigirme a la cocina en busca de algo delicioso que comer, ésta pequeña
criatura que crece dentro de mí es muy demandante al respecto y cada vez me
preocupa un poco más el hecho de que comience a notarse, aunque si he notado
que he subido un poco de peso…
¿Cómo pude ser tan tonto de no cuidarme? ¿Cómo lo tomará
el príncipe cuando se entere? ¿CÓMO LO TOMARÁ SU MAJESTAD? ¡MI VIDA ESTÁ
ARRUINADA!
- ¡Señor Kei! – Exclama de repente y muy animadamente mi
príncipe, haciendo que una gran alegría me embargue, sintiendo cómo algo
diminuto se mueve en mi vientre ¿él también está emocionado?
- Mi príncipe – digo con una sonrisa deslumbrante,
abrazándolo con fuerza al estar ya cerca el uno del otro – te extrañé mucho
¿Cuándo llegaste?
- Acabo de llegar – sonríe, besando dulcemente mi
mejilla, llevándome a un lugar en el que nadie pudiese vernos – también te
extrañé, no sabes cuánto – dice repartiendo dulces besos por mi rostro hasta
llegar a mis labios, besándonos con anhelo y dulzura, mientras nuestras manos
recorren el cuerpo contrario de la misma manera, derritiéndome por completo en
sus brazos, llevando luego sus besos a mi cuello, haciéndome estremecer.
- Mi príncipe… Aquí no… - Digo con todo el pesar del
mundo, porque lo que menos quiero es separarme de él y menos cuando estuvo
varios días lejos de mí que para mí fueron eternidades.
- Tienes razón, lo siento, es un muy mal lugar – ríe
avergonzado, apartándose un poco de mi lado.
- Bueno, realmente no me importaría hacerlo aquí – digo
volviendo a acercarlo tal y como estaba hace unos momentos – pero tengo cosas
importantes que hacer.
- ¿A dónde ibas? No parecía que fueras al despacho de mi
hermano.
- Iba a la cocina – digo mientras hago pequeños círculos
sobre el pecho de mi príncipe – quería ir a comer algo.
- ¿Quieres que vaya contigo? – Sonríe – desde que salí en
la madrugada de vuelta al castillo no he probado bocado alguno.
- Claro que sí – digo con emoción - podemos comer juntos
y conversar sobre tu viaje.
- Me parece más que perfecto – vuelve a besar mis labios
– mientras, podemos dejar el postre para la noche – dice seductoramente,
robándome un último beso antes de seguir nuestro camino hacia la cocina.
Cayendo en cuenta de que cuando estoy con mi adorado príncipe me olvido de todo
lo demás y por esa razón es que ahora estoy como estoy.
*Yuto*
Observo con detalle cada expresión del rostro dormido de
Rihito, no pudiendo evitar sacar de uno de los cajones del mueble al lado de mi
cama mi cuaderno de bocetos junto con un lápiz, retratando en aquella hoja de
papel el precioso rostro durmiente del chico que está a mi lado, con sus labios
entre abiertos y sus cabellos desaliñados, haciéndolo lucir tan lindo…
- Príncipe… – Susurra todavía somnoliento, mientras que
guardo el cuaderno nuevamente en su lugar.
- Buenos días Rihito – digo gentilmente.
- Buenos días… ¿Dónde estoy? – Pregunta abriendo los ojos
con lentitud.
- Estás en mi habitación – respondo.
- Ah… ¡¿En su habitación?! – Exclama ahora sí
despertándose de golpe, tapándose con las sábanas, acto que hace que de una
carcajada.
- ¿Qué es esa reacción? – Digo divertido.
- Pues… Que estoy en su habitación, en su cama… - Dice
avergonzado.
- ¿Y eso qué tiene de malo? ¿No somos amigos?
- Claro que lo somos, es sólo que me tomó por sorpresa –
dice quitándose la parte de la sábana que cubría su rostro, creándose una
imagen hermoso, sintiendo como una especie de cosquillas en mi manos, como si
me alentaran a dibujar - ¿pero cómo es que terminamos aquí? No lo recuerdo.
- Bueno, nos estuvimos en el jardín hasta que se hizo
totalmente de noche, pero tú simplemente no dejabas de llorar, aun cuando yo ya
había dejado de hacerlo, así que le pedí a la Señora Hitomi que hiciera un té
relajante para ti y después de beberlo te traje a mi habitación porque no me
parecía correcto dejarte solo y pues estuve consolándote hasta que te quedaste
dormido.
- ¿En serio hice eso? – Pregunta incrédulo.
- Si quieres le podemos preguntar a la señora Hitomi –
digo con una sonrisa.
- No, no será necesario, te creo – dice apenado – lamento
mucho que terminase así, tenía que haber sido yo el que se ocupara de
consolarte.
- Nos consolamos mutuamente, eso me hizo muy feliz –
sonrío – en verdad muchas gracias por acompañarme, no lo habría hecho de no
haber sido por ti.
- Me alegra haber sido de ayuda, aunque culminara de
manera tan lamentable – suspira - ¿Y cómo te sientes ahora? – Pregunta todavía
preocupado.
- la verdad me siento bien, como si se me hubiera quitado
de repente un gran peso de encima – río – estaba más que consciente de que Yuri
me rechazaría, su corazón ya le pertenece a otra persona, a alguien con el que
no puedo competir.
- ¿Y quién es? – Pregunta curioso.
- Es un secreto – sonrío, mientras me levanto de la cama
– ya son más de las diez - digo mirando mi reloj - ¿quieres que vayamos juntos
a desayunar?
- Me encantaría Yuto – dice con una linda sonrisa, la
cual quisiera retratar.
- Está bien, voy a cambiarme y…
- Yo también iré a cambiarme a mi habitación – dice
levantándose de mi cama con prisa – nos vemos en quince minutos en el pasillo
¿te parece bien?
- Me parece bien – sonrío, viendo cómo se escabulle hacía
la puerta, desapareciendo de mi vista – es tan lindo.
CONTINUARÁ....


