24 ene 2026

COMPASS ROSE - Capítulo 46

Hola hola!!!!!

¿Cómo están? Espero que muy bien y si no es así les mando un súper fuerte abrazo de oso y espero que éste nuevo capítulo les saque una gran sonrisa 🥰

Espero que todos hayan tenido un feliz inicio de Enero y que todas sus metas por pequeñitas que sean se cumplan, así que mucho ánimo en éste nuevo año, que espero poder organizarme mejor y traerles las siguientes partes de Heat y espero otras cositas 😅

Muchas gracias por estar un nuevo año aquí conmigo, que disfruten del capítulo 🤭



Tema: COMPASS ROSE
Extensión: Serial 
Parejas: Varias
Autora: Akari-chan



Capítulo 46

*Yuri*

Abro lentamente mis ojos mientras estiro mi cuerpo al sentirme sobre una superficie suave y muy familiar, encontrándome con que estoy en mi habitación.

- ¿Cómo? – Pregunto confundido, haciendo memoria de en qué momento llegué a ésta, llegando rápidamente a la conclusión más certera – su majestad… - Susurro avergonzado y al mismo tiempo emocionado de pensar que el rey me trajo gentilmente hasta aquí, siendo cargado por sus brazos.

- Hijo ¿todavía no te has alistado? – Pregunta mi papá Hikaru entrando a mi habitación sin siquiera tocar la puerta antes, un hábito que mi padre Kota siempre le anda riñendo.

- ¿Alistado para qué?

- Pues para ir a trabajar ¿acaso no has visto qué hora es?

- ¿La hora? ¡Ya voy tardísimo! – Exclamo levantándome de mi cama después de ver el reloj, notando que voy diez minutos tarde, yendo primeramente al cuarto de baño – gracias por venir a avisarme papá.

- No es nada, pasé por el despacho del Rey y al notar que no habías llegado me preocupé y pues quise venir a ver si estabas bien.

- En serio, muchas gracias – digo agradecido.

- Por cierto hijo, a partir de la siguiente semana voy a quedarme en casa de Don Carlos junto con el príncipe Ryosuke.

- ¿Y eso por qué? ¿Ha ocurrido algo? – Pregunto mientras me lavo.

- No ha ocurrido nada de gravedad, pero hay mucho trabajo por hacer así que hemos decidido quedarnos allá unos días y no tener que ir y volver al castillo diariamente.

- Entiendo y realmente es lo mejor, siempre es un trayecto largo – digo mientras salgo del cuarto de baño, yendo hacia mí armario para buscar algo que ponerme.

- Íbamos a ir en ésta semana pero el príncipe insistió en que quería conocer al prometido de Keito primero.

- ¿Keito tiene un prometido? – Pregunto sorprendido.

- Sí, recién se enteró él también de su compromiso hace unos días.

- Espero que sea un buen chico, Keito es un buen hombre. 

- Pues tengo entendido que llega en estos días – dice acercándose a mi escritorio, tomando entre sus manos la rosa eterna que me regaló el Rey – parece que te gustó mucho éste regalo.

- Sí, es muy hermoso – sonrío sintiendo mi rostro enrojecer.

- ¿Sabes quién pudo enviártelo?

- No ¿por qué lo pregustas?

- Porque es la primera vez que veo que conservas un obsequio enviado por uno de tus pretendientes.

- Es un obsequio muy lindo, me daba pena botarlo.

- ¿En serio no estás interesado en alguien?

- Muy en serio papá – digo tratando enormemente de no delatarme, de que en realidad estoy perdidamente enamorado de su majestad.

- Está bien, te dejaré para que termines de alistarte – dice sonriente - iré al pueblo a hacer unos pendientes que tengo ¿quieres que te traiga algo?

- No, no tengo algo en mente – digo pensativo - pero si igualmente deseas traerme algo lo recibiré con gusto.

- Lo tendré en cuenta – dice acercándose para abrazarme y besar mi mejilla – que tengas un buen día hijo.

- Igualmente papá – respondo correspondiendo al abrazo, saliendo ambos de mi habitación y tomar caminos separados.

 

*Yuya*

- Qué raro que Yuri no haya llegado todavía – Pregunta Kei al ver la hora en su reloj.

- Ayer tuvo un día algo difícil – suspiro – está bien si llega un poco tarde hoy o si prefiere mejor tomarse el día libre.

- ¿Ocurrió algo grave ayer? – Pregunta preocupado.

- No sé si decir que es algo grave, pero si fue algo que le afectó mucho anímicamente.

- Comprendo – dice con preocupación.

- ¿Y ya te encuentras mejor? Ayer no viniste.

- Siento mucho no haberme presentado – dice apenado - pero es que me sentía con unas nauseas terribles, quizás comí algo que me cayó mal.

- Es lo más probable, pero de todos modos deberías de pedirle a Hikaru que te revise.

- Lo haré en cuanto pueda su alteza…

- ¡Siento mucho llegar tarde! – Exclama mi adorado Yuri después de abrir la puerta estrepitosamente, respirando agitado, como si hubiese venido corriendo.

- Justo estábamos preocupados de que no llegaras – dice Kei - ¿estás bien?

- Sí, estoy bien, es sólo que me quedé dormido – sonríe apenado – pero ya estoy aquí listo para trabajar.

- Bien, ahora que ya llegaste iré a la Biblioteca a dejar estos libros y a traer otros que necesitamos – dice Kei, cargando varios en sus brazos – Yuri ¿podrías ayudarme con la puerta?

- Claro ¿deseas que te ayude a llevarlos? Se ven muy pesados.

- No, así estoy bien – sonríe – puedo con estos, no te preocupes, ayuda al rey mientras regreso.

- Por supuesto – dice Yuri con una preciosa sonrisa, quedándome embobado con ésta aún si no es una dedicada a mí, viendo cómo éste cierra la puerta al momento que Kei se va.

- ¿En serio estás bien? – Pregunto preocupado, indicándole que se acerque a mi lado – anoche te veías muy mal.

- Ya me encuentro mejor – sonríe, haciendo caso a mi petición no dicha, sorprendiéndome del hecho que podemos comunicarnos sólo con señas o gestos.

- Puedes tomarte el día libre si lo deseas – digo tomándolo de la cintura suavemente, haciendo que se siente sobre mis piernas.

- No es necesario su majestad – sonríe con dulzura – estar contigo me hace mucho bien, además estoy seguro de que más temprano que tarde Yuto y yo seguiremos siendo amigos.

- Eso espero, no quiero que por mi culpa ustedes…

- No es culpa tuya majestad – dice rodeando mi cuello entre sus brazos – desde el primer instante en el que te vi supe que quería estar contigo, aunque en ese entonces no tenía claro de qué manera – ríe con picardía - ¿anoche me cargaste a mi habitación? – Pregunta acercando un poco más mi rostro al suyo.

- Sí… Te quedaste dormido entre mis brazos así que decidí llevarte como a una princesita – río divertido – abrí la puerta con algo de dificultad y te acomodé sobre la cama no sin antes darte un besito de buenas noches sobre tu frente – digo afianzando mi agarre en su cintura.

- Te hubieses quedado conmigo – dice haciendo un pucherito, no pudiendo evitar rozar mis labios con los suyos.

- No hubiese sido apropiado de mi parte quedarme en tu habitación, al menos no los dos solos.

- ¿Por qué no? ¿Acaso es diferente a cuando nos quedamos aquí hasta tarde en la noche para explorarnos?

- Bueno… Eso… Será mejor iniciar con el trabajo, no sea que alguien llegue y nos vea y… - digo avergonzado por los pensamientos que comienzan a cruzar por mi mente.

- Eres tan lindo – dice Yuri besándome dulcemente, acto que correspondo de igual manera, convirtiéndose poco a poco en uno más intenso y hambriento del otro. 

- Será mejor dejar así por ahora… - Digo con mi respiración agitada, volviendo a juntar nuestros labios en un roce.

- Te amo – dice con su precioso rostro sonrojado.

- Y yo te amo muchísimo más – digo con plena sinceridad, reafirmando con mis palabras todo lo que siento por él; sintiendo cómo se levanta de mis piernas, sin desear realmente que lo haga.

- ¿Qué es lo que hay que hacer para hoy? – Pregunta con una enorme sonrisa, todavía enrojecido por las palabras previamente dichas, dándole un último beso antes de comenzar con el ajetreado día de trabajo que nos espera.


*Kei* 

- En verdad creo que debí de pedir ayuda – digo mientras camino hacia la Biblioteca con algo de esfuerzo – esto no es bueno para mi condición… 

- Señor ¿quiere que le ayude? – Pregunta una voz infantil y desconocida, mirándome expectante ante la respuesta que pueda darle.

- ¡Yoshitaka! – Exclama uno de los caballeros reales, Takuto, acercándose rápidamente al pequeño niño – te dije que no te alejaras.

- Papi, el señor necesita ayuda – dice el más pequeño señalándome, haciendo caso omiso a la preocupación del que parece su padre.

- ¿Es tu hijo? – Pregunto sorprendido, sabía que Takuto estaba casado pero no que tuviese un pequeño hijo.

- Señor Kei, le pido una disculpa – dice haciendo una reverencia – sí, es mi hijo – sonríe - ¿quiere que le ayude?

- Sí, por favor – digo rendido, cediéndole los libros a éste.

- Yo también quiero ayudar – dice el pequeñín, recibiendo uno de los libros con total alegría de parte de su padre.

- No sabía que Fuma y tú tenían un hijo – digo mientras seguimos caminando hacia la Biblioteca del castillo.

- Sí, es nuestro lindo retoño – sonríe mirando a su hijito con profundo amor – hace meses andaba insistiendo en que quería conocer el castillo y pues le pedí permiso al rey para traerlo, espero no les moleste.

- Por supuesto que no es molestia, Yoshitaka se ve que es un niño muy educado y gentil – digo al mismo tiempo que llegamos a nuestro lugar de destino.

- ¿Dónde debo de ponerlos? – Pregunta Takuto al momento de entrar.

- A la sección de contabilidad – digo mientras nos dirigimos a ésta, dejando los libros perfectamente acomodados en su lugar, aprovechando el estar ahí para tomar los que llevaría al despacho del rey.

- ¿Cuántos años tienes Yoshitaka? - Pregunto al pequeñín. 

- Tengo cinco años Señor – responde levantando su mano, indicándome con los dedos de ésta su edad.

- Ya eres todo un hombrecito – digo sonriente.

- Dice que cuando sea grande quiere ser un caballero como nosotros sus padres.

- ¿Eso es verdad Yoshitaka?

- Sí Señor – dice con orgullo – quiero servirle a su majestad y al reino cuando sea un hombre grande y fuerte.

- Estoy seguro de que lo serás – sonrío enternecido de verlo – y estaremos muy encantados de tenerte trabajando en el castillo.

- Seré el mejor de los caballeros – dice con ilusión y una amplia sonrisa el más pequeño.

- Por cierto ¿podrían llevar los libros al despacho del Rey? Tengo que hacer algo…

- Por supuesto Señor – responde Takuto con una sonrisa mientras que el pequeño Yoshitaka asiente con entusiasmo, tomando los libros para dirigirse a su próximo destino.

Salgo unos segundos después de la Biblioteca para dirigirme a la cocina en busca de algo delicioso que comer, ésta pequeña criatura que crece dentro de mí es muy demandante al respecto y cada vez me preocupa un poco más el hecho de que comience a notarse, aunque si he notado que he subido un poco de peso…

¿Cómo pude ser tan tonto de no cuidarme? ¿Cómo lo tomará el príncipe cuando se entere? ¿CÓMO LO TOMARÁ SU MAJESTAD? ¡MI VIDA ESTÁ ARRUINADA!

- ¡Señor Kei! – Exclama de repente y muy animadamente mi príncipe, haciendo que una gran alegría me embargue, sintiendo cómo algo diminuto se mueve en mi vientre ¿él también está emocionado?

- Mi príncipe – digo con una sonrisa deslumbrante, abrazándolo con fuerza al estar ya cerca el uno del otro – te extrañé mucho ¿Cuándo llegaste?

- Acabo de llegar – sonríe, besando dulcemente mi mejilla, llevándome a un lugar en el que nadie pudiese vernos – también te extrañé, no sabes cuánto – dice repartiendo dulces besos por mi rostro hasta llegar a mis labios, besándonos con anhelo y dulzura, mientras nuestras manos recorren el cuerpo contrario de la misma manera, derritiéndome por completo en sus brazos, llevando luego sus besos a mi cuello, haciéndome estremecer.

- Mi príncipe… Aquí no… - Digo con todo el pesar del mundo, porque lo que menos quiero es separarme de él y menos cuando estuvo varios días lejos de mí que para mí fueron eternidades.

- Tienes razón, lo siento, es un muy mal lugar – ríe avergonzado, apartándose un poco de mi lado.

- Bueno, realmente no me importaría hacerlo aquí – digo volviendo a acercarlo tal y como estaba hace unos momentos – pero tengo cosas importantes que hacer.

- ¿A dónde ibas? No parecía que fueras al despacho de mi hermano.

- Iba a la cocina – digo mientras hago pequeños círculos sobre el pecho de mi príncipe – quería ir a comer algo.

- ¿Quieres que vaya contigo? – Sonríe – desde que salí en la madrugada de vuelta al castillo no he probado bocado alguno.

- Claro que sí – digo con emoción - podemos comer juntos y conversar sobre tu viaje.

- Me parece más que perfecto – vuelve a besar mis labios – mientras, podemos dejar el postre para la noche – dice seductoramente, robándome un último beso antes de seguir nuestro camino hacia la cocina. Cayendo en cuenta de que cuando estoy con mi adorado príncipe me olvido de todo lo demás y por esa razón es que ahora estoy como estoy.

 

*Yuto*

Observo con detalle cada expresión del rostro dormido de Rihito, no pudiendo evitar sacar de uno de los cajones del mueble al lado de mi cama mi cuaderno de bocetos junto con un lápiz, retratando en aquella hoja de papel el precioso rostro durmiente del chico que está a mi lado, con sus labios entre abiertos y sus cabellos desaliñados, haciéndolo lucir tan lindo…

- Príncipe… – Susurra todavía somnoliento, mientras que guardo el cuaderno nuevamente en su lugar.

- Buenos días Rihito – digo gentilmente.

- Buenos días… ¿Dónde estoy? – Pregunta abriendo los ojos con lentitud.

- Estás en mi habitación – respondo.

- Ah… ¡¿En su habitación?! – Exclama ahora sí despertándose de golpe, tapándose con las sábanas, acto que hace que de una carcajada.

- ¿Qué es esa reacción? – Digo divertido.

- Pues… Que estoy en su habitación, en su cama… - Dice avergonzado.

- ¿Y eso qué tiene de malo? ¿No somos amigos?

- Claro que lo somos, es sólo que me tomó por sorpresa – dice quitándose la parte de la sábana que cubría su rostro, creándose una imagen hermoso, sintiendo como una especie de cosquillas en mi manos, como si me alentaran a dibujar - ¿pero cómo es que terminamos aquí? No lo recuerdo.

- Bueno, nos estuvimos en el jardín hasta que se hizo totalmente de noche, pero tú simplemente no dejabas de llorar, aun cuando yo ya había dejado de hacerlo, así que le pedí a la Señora Hitomi que hiciera un té relajante para ti y después de beberlo te traje a mi habitación porque no me parecía correcto dejarte solo y pues estuve consolándote hasta que te quedaste dormido. 

- ¿En serio hice eso? – Pregunta incrédulo.

- Si quieres le podemos preguntar a la señora Hitomi – digo con una sonrisa.

- No, no será necesario, te creo – dice apenado – lamento mucho que terminase así, tenía que haber sido yo el que se ocupara de consolarte.

- Nos consolamos mutuamente, eso me hizo muy feliz – sonrío – en verdad muchas gracias por acompañarme, no lo habría hecho de no haber sido por ti.

- Me alegra haber sido de ayuda, aunque culminara de manera tan lamentable – suspira - ¿Y cómo te sientes ahora? – Pregunta todavía preocupado.

- la verdad me siento bien, como si se me hubiera quitado de repente un gran peso de encima – río – estaba más que consciente de que Yuri me rechazaría, su corazón ya le pertenece a otra persona, a alguien con el que no puedo competir.

- ¿Y quién es? – Pregunta curioso.

- Es un secreto – sonrío, mientras me levanto de la cama – ya son más de las diez - digo mirando mi reloj - ¿quieres que vayamos juntos a desayunar?

- Me encantaría Yuto – dice con una linda sonrisa, la cual quisiera retratar.

- Está bien, voy a cambiarme y…

- Yo también iré a cambiarme a mi habitación – dice levantándose de mi cama con prisa – nos vemos en quince minutos en el pasillo ¿te parece bien?

- Me parece bien – sonrío, viendo cómo se escabulle hacía la puerta, desapareciendo de mi vista – es tan lindo.

 CONTINUARÁ....


19 dic 2025

COMPASS ROSE - Capítulo 45

Hola hola!!!!

¿Cómo están? Espero que muy bien y si no es así les mando un súper fuerte abrazo de oso y espero que éste nuevo capítulo les saque una gran sonrisa 🥰

Primero que todo quiero agradecerles por acompañarme un año más leyendo mis escritos 😭💕 Me hace muy feliz saber que los disfrutan y espero que en éste próximo 2026 y años venideros sigan aquí 🥺💕

Ésta vez me les adelanto en publicar porque éstas últimas semanas del mes son caóticas en el trabajo y luego no me da tiempo de nada 😅 y aprovecharé también para descansar y recobrar fuerzas para el nuevo año que se viene, así que nos leeremos de vuelta a finales de Enero 🥰

Les deseo a todos una feliz Navidad y un próspero año 💕



Tema: COMPASS ROSE
Extensión: Serial 
Parejas: Varias
Autora: Akari-chan


Capítulo 45

*Rihito*

- Hoy le diré mis sentimientos a Yuri – dice el príncipe Yuto llegando de repente a dónde me encuentro en el jardín, sentándose a mi lado.

- ¿Vas a hacerlo? – Pregunto cerrando la libreta que tengo en mis manos para darle toda mi atención, notándolo un poco angustiado - ¿estás bien con eso? – digo preocupado.

- Es mejor hacerlo ahora – suspira profundo – aunque ya sepa su respuesta.

-¿Por qué crees que podría rechazarte?

- Simplemente sé que lo hará – sonríe amargamente – por eso deseo pedirte un favor.

- Sí, lo que desees – sonrío amablemente, sintiéndome un poco entristecido de ver su semblante un poco decaído.

- Quiero que en ese momento estés a mi lado – dice con firmeza.

- ¿Que esté a tu lado? – Pregunto incrédulo – no… no creo que sea lo correcto yo…

- Bueno, no exactamente – ríe un poco – pero quiero que estés cerca, escondido – vuelve a reír – eso me dará ánimos para hacerlo.

- La verdad es que no sé si…

- Por favor – dice tomando con fuerza mi mano, mirándome suplicante. No es que no quiera acompañarle, de hecho me parece hasta un honor que él tenga esa confianza conmigo, pero por otro lado, no me siento cómodo de saber que la persona que me gusta le confiese su amor a otra.

- Bueno, no es necesario que estés cerca – dice mientras acaricia suavemente mi mano, haciendo que mi corazón se acelere – sólo quiero saber dónde puedo encontrarte cuando termine.

- Está bien, lo haré – digo todavía no muy convencido, pero realmente no me siento en condiciones de negarle algo.

- Muchas gracias, siento que se me ha quitado un peso de encima – sonríe aliviado – por cierto ¿te interrumpí en algo cuando llegué? ¿Estabas escribiendo alguna carta? - Pregunta curioso.

- Sólo estaba escribiendo ideas al azar – respondo sonriente.

- ¿Te gusta escribir?

- Sí, mucho… - Respondo un poco avergonzado. Normalmente las personas incluyendo mis padres dicen que dedicarse a la escritura es una pérdida de tiempo, así que el único que sabe de esto es Ryutaro, quién siempre pide ser el primero en leer mis escritos – pero es sólo un pasatiempo.

- ¿Y qué te gusta escribir? – Pregunta con real entusiasmo, haciéndome emocionar.

- Cuentos, poesía, también me gustan mucho la fantasía, el romance…

- Esas historias me gustan, aunque la verdad no es que lea mucho – ríe.

- Te gusta la pintura ¿no es así?

- Me encanta – responde notándose un gran brillo en sus ojos.

- He visto varias de tus pinturas en el castillo y he de decir que son hermosas.

- Sólo lo dices porque eres mi amigo – ríe apenado.

- Claro que no es por eso – digo fingiendo sentirme ofendido – en realidad son muy bellas – digo con total sinceridad, quedando cautivado con su hermosa y tímida sonrisa.

- Gracias – sonríe - a mí hermano Yuya le gustan mucho mis cuadros, por eso manda a ponerlos en cada rincón del castillo cuando termino alguno.

- El Rey tiene muy buen gusto, me encantaría tener una de tus pinturas en mi casa.

- Puedo hacerte una si quieres, una especialmente para ti.

- Sería todo un honor para mí – digo emocionado.

- Para mí también sería un honor poder leer tus escritos.

- Cuando tenga la confianza suficiente lo haré, lo prometo.

- Estaré esperando por ello – sonríe ampliamente – y quizás en un futuro pueda ilustrar alguno de tus libros.

- ¿En serio harías eso por mí? – Pregunto sintiendo un ligero cosquilleo en mi estómago.

- Estaría encantado – dice de una manera tan dulce y tan sincera que simplemente me hace sonrojar, haciéndome sentir muy feliz y motivado.


*Yuri*

Desde lo ocurrido ésta mañana el Rey ha estado más pegajoso conmigo de lo que usualmente lo hace cuando no está el señor Kei, quién últimamente se ausenta más de lo acostumbrado, sintiéndome un poco preocupado por si está enfermo o algo parecido, pero no puedo y no quiero pensar mucho en eso cuando en estos momentos me encuentro sobre las piernas de su majestad, sintiendo sus labios sobre mi nuca, mientras sus manos acarician mi pecho.

- Yuri… - Susurra en mi oído, haciéndome estremecer, él sabe muy bien lo que me provoca con su voz.

- Su majestad… - Jadeo al sentir sus manos deslizarse ahora sobre mis piernas, apretándolas un poco – es mejor dejarlo así por ahora – digo con todo el dolor de mi alma, no quisiera separarme nunca de él, pero éste no es el momento ni el lugar para estas cosas y no es que me disguste o algo parecido, antes no quiero que se detenga, pero no quiero que nadie nos vea en ésta posición tan comprometedora, menos si es alguno de mis padres.

- Lo… Lo siento… - dice apartando sus manos de mi cuerpo - ¿me excedí demasiado? – Pregunta mirándome con preocupación.

- Para nada – digo ladeando un poco mi cuerpo para poder verlo de frente – es sólo que debemos de ser más discretos.

- Cada día se me hace más complicado serlo – sonríe besando mi mejilla.

- ¿Estás preocupado? Hoy estás más intenso de lo habitual – río un poco divertido al verlo sonrojarse de la vergüenza – ya te he dicho que no debes de sentirte así y menos por tu hermano ¿por qué te preocupa tanto? – Pregunto, aun sabiendo el motivo de su preocupación y también la razón por la que posiblemente Yuto me citó para que habláramos de según él de algo importante.

- No voy a negar que lo estoy – dice apoyando su frente en mi hombro, notablemente avergonzado de sentirse tan inseguro.

- Te amo Yuya – digo llevando mis labios a los suyos para darle un casto beso, uno con el que deseo transmitirle todo lo que siento por él.

- Te amo Yuri – dice sonriendo de la manera más linda, haciendo que mi corazón rebote de alegría, no podría amar a nadie más que a él.

- Estaré aquí para cuando empiece nuestra lección nocturna de idiomas – digo con picardía, notando al rey tensarse un poco, le preocupa mucho que en algún momento se le vaya la mano en nuestra sesión de besos y caricias después de estudiar, pero en verdad me encantaría que lo hiciera.

- Te estaré esperando – dice dándome otro beso en la mejilla – pero primero tenemos que terminar con éste papeleo – dice mirando la enorme pila de papeles sobre el escritorio, dándonos un último beso antes de levantarme con pesar de sus piernas y concentrarnos en trabajar.


*Yuto*

El atardecer llegó y con éste el momento que más temía que llegara, preguntándome por enésima vez si era necesario hacerlo, si valía la pena tomar el riesgo por algo que claramente tendría una respuesta poco favorable. Convenciéndome finalmente que si quiero pasar la página tengo que hacerlo, tengo que escuchar de su propia boca su rechazo, porque si no lo hago posiblemente una parte de mí mantendrá la esperanza.

- ¿Estás listo? – Pregunta Rihito tomando fuertemente mi mano, haciéndome sentir acompañado y con fuerzas para seguir adelante con mi cometido.

- Lo estoy – digo firmemente, afianzando el agarre de mi mano con la suya. Aunque ha sido corto el tiempo que hemos convivido juntos, me siento en paz cuando estoy a su lado.

- Te deseo la mejor de las suertes – dice con una leve sonrisa, acto que por alguna razón hace que mi corazón se sienta estrujado – sea cual sea el resultado estaré aquí esperándote.

- Gracias nuevamente - digo dándole un fuerte abrazo antes de encaminarme hacia el jardín, lugar en el que anteriormente habíamos acordado que sería nuestro lugar de encuentro, lamentándome un poco de no poder disfrutar del hermoso atardecer de lo nervioso que me siento.

- Buenas tardes Yuto – dice Yuri al llegar, dando un brinco del susto porque estaba tan metido en mis pensamientos que no me había dado cuenta de que ya había llegado.

- Bu… Buenas tardes Yuri – respondo nerviosamente, manteniendo mi distancia hacia él.

- ¿De qué querías hablar conmigo? – Pregunta mientras mira el atardecer con una leve sonrisa.

- ¡Me gustas! – Exclamo fijando también mis ojos sobre aquel bello atardecer, como si ambos tratásemos de no hacer contacto visual con el otro. No sé si sentirme ofendido o aliviado por tal acción – pero no el gustar como un amigo – continúo – me gustas como hombre, estoy… Enamorado de ti desde hace mucho tiempo.

- Entiendo – responde haciendo que mis nervios se pongan de punta – muchas gracias por albergar aquellos sentimientos por mí, pero lamento mucho no poder corresponderlos como se merecen – dice con tristeza.

- No te preocupes, sabía que ésta iba a ser tu respuesta – digo dirigiendo mi mirada hacía él, encontrándome con la suya, igual de triste que sus anteriores palabras.

- En verdad lo lamento mucho – vuelve a repetir.

- Estás enamorado de mi hermano ¿no es así? – Suelto de repente, notando su mirada de total sorpresa.

- Sí – afirma luego de unos segundos, sorprendido por hallarse descubierto, sintiendo como si una aguja se clavara en mi corazón.

- ¿Y él lo sabe? ¿Te corresponde?

- Lo sabe y realmente lo hace, me ama tanto como yo a él – responde sin duda alguna en su voz, con un sonrojo que parece mezclarse con el naranja del atardecer, anhelando por un momento que aquellas palabras fuesen dirigidas a mí, pero ya ésta batalla la tenía perdida desde el principio.

- Ya veo… - Suspiro profundamente.

- Lamento si no he podido darte la respuesta que esperabas…

- No te disculpes – sonrío - ya sabía antes de venir aquí que ésta sería tu respuesta y he de decir que envidio a mi hermano por ser el dueño de tus afectos, pero él es un buen hombre y estoy seguro de que te atesorará más que a nada en el mundo, así que de todo corazón les deseo mucha felicidad en su relación.

- Gracias – sonríe dulcemente – pero por favor no le digas a nadie sobre…

- No le diré a nadie, su secreto está a salvo conmigo – digo con honestidad.

- Se lo agradezco príncipe – dice haciendo una reverencia.

- ¡No seas tan formal conmigo! – Exclamo riendo un poco divertido – agradezco que hayas venido, no sabes lo mucho que lo valoro.

- ¿Estarás bien? – Pregunta preocupado.

- No hay de qué preocuparse, puedes retirarte si gustas – digo con una sonrisa, una sonrisa que camufla todo lo que estoy sintiendo en estos momentos, mientras Yuri se despide antes de retirarse, dejándome ahí solo, contemplando cómo el sol se oculta entre las montañas.

Me quedo ahí de pie, inmóvil, sin expresión alguna en mi rostro, sin consciencia total del tiempo hasta que comienzo a divisar las estrellas en el cielo, sintiendo de repente un par de brazos rodeando mi cintura y una cabeza apoyándose en mi pecho, sabiendo perfectamente que se trata de Rihito, quién me abraza fuertemente, notando cómo mis lágrimas comienzan a brotar desenfrenadas de mis ojos, aferrándome al pequeño cuerpo que me consuela en sus brazos sin decir palabra alguna, sólo sintiendo el cómo mi pecho comienza a sentirse húmedo.


*Yuya*

Camino de un lado a otro dentro del despacho, sintiéndome ansioso y preocupado por la llegada de Yuri. Completamente avergonzado por la actitud que había adoptado el día de hoy, tan posesivo y celoso… Y no es que dude de los sentimientos de Yuri hacia mí, sino que a veces no me considero lo suficiente para él.

- Que problema – suspiro sentándome de nueva cuenta en uno de los muebles del lugar, volviendo a levantarme por los nervios.

¿De esto se trata el estar enamorado?

Pregunto para mí mismo, en mis pensamientos, los que agradezco nadie pueda escuchar, es la primera vez que siento algo así por alguien y me abruma demasiado la intensidad con la que lo estoy viviendo ¿es normal sentirse así? ¿Sentir que sólo me siento en paz y completo en sus brazos? Y no es sólo ese el problema, también me preocupan los crecientes deseos carnales que tengo hacía él.


- Su majestad, no sabía que disfrutaba de ese tipo de literatura – preguntó Takuto alguna vez que me encontró leyendo a escondidas una novela erótica en la biblioteca, poniéndome de todos los colores habidos y por haber de la pena que me dio ser descubierto.

- Bueno, la verdad no es que me guste del todo – dije ocultando mi rostro con aquel libro – es más bien con fines académicos.

- ¿Fines académicos? – Preguntó, riendo después de un rato al comprender la razón de tan bochornoso momento – Su majestad, me disculpará por lo que voy a preguntarle ¿pero usted es virgen? – Preguntó serio, sin intención de burlarse.

- Sí… - Susurré estampando cada vez más mi rostro en aquel libro, apenado, humillado – le preguntaría a Hikaru o a Kota, pero ellos son los padres de Yuri y sería realmente incómodo pedirles consejos sobre cómo debería intimar con su hijo – dije pensando que eso sonaba muy raro – y tampoco le pregunto a Kei porque quizás se le vaya la lengua con ellos.

- Entiendo – ríe - aunque no niego que quizás un libro de aquellos pueda ayudarle – sonrió amable – pero creo que el mejor consejo que puedo darle al respecto es que simplemente se deje llevar por el momento, que ambos puedan disfrutar de aquella intimidad.

- ¿Crees que eso sea suficiente?

- No es necesario que lo pienses tanto, si el joven Yuri está de acuerdo ¿por qué no simplemente lo hacen?


De un momento a otro se abrió la puerta de mi despacho, encontrándome con un Yuri cabizbajo y con su precioso rostro empapado en lágrimas, yendo a abrazarlo de inmediato, cerrando la puerta con seguro para que nadie pueda interrumpirnos.

- Está bien si hoy no estudiamos – digo acariciando suavemente su cabello, dejándome fundir ante ese abrazo tan necesitado de consuelo.

Sé lo mucho que aprecia Yuri a mi hermano y sea lo que sea que hayan hablado tuvo que ser muy difícil para él, así que por ahora voy a concentrarme en estar para él y consolarle.

CONTINUARÁ...



27 nov 2025

COMPASS ROSE - Capítulo 44

Hola hola!!!!

¿Cómo están? Espero que muy bien y si no es así les mando un súper fuerte abrazo de oso y espero que éste nuevo capítulo les saque una gran sonrisa 🥰

Primero que todo muchas gracias por su continuo apoyo y amor a mis fanfics, no saben lo mucho que me alegra leer sus comentarios y me animan muchísimo 💕

Casi siempre mis historias las escribo sobre la marcha, puedo tener algunas cosas muy claras pero otras pueden variar y éste va a ser uno de los casos, espero puedan darle mucho amor a éste nuevo personaje que entra a la historia 💕

Gracias nuevamente y nos leemos en Diciembre 💕



Tema: COMPASS ROSE
Extensión: Serial 
Parejas: Varias
Autora: Akari-chan


Capítulo 44

*Yuya*

- Su majestad ¿qué le pareció el obsequio al joven Yuri? – Pregunta Takuto segundos después de entrar a mi despacho y reverenciarse, aprovechando el que había llegado temprano para hablar con él.

- Le encantó – respondo con una gran sonrisa, recordando el rostro completamente asustado de mi amado, mientras que yo trataba en lo posible de no delatarme e ir a abrazarlo y confesarle que aquel bello obsequio venía de mi parte – hiciste un buen trabajo, muchas gracias.

- Yo no hice mucho su alteza – sonríe – la flor que usted escogió es muy bella, sólo hice todo tal cual me lo ordenó ¿necesita que haga algo más?

- Sí, por eso te he llamado – digo extendiéndole un papelito – aquí están las indicaciones del siguiente regalo, por favor recuerda mantener el mayor anonimato posible.

- Claro que lo haré su majestad, puede confiar en ello.

- Listo, entonces ya puedes retirarte.

- Que tengas un agradable día su alteza.

- Igualmente – digo viendo a éste reverenciarse antes de salir del despacho, quedando solo en espera de Kei y mi adorable Yuri. Comenzando a preocuparme al notar la hora y Yuri no ha llegado, él siempre es muy puntual.

Después de meditarlo por unos segundos salgo del despacho tremendamente preocupado ¿y si le pasó algo? ¿O si está enfermo? Pregunto para mis adentros, recordando que a la hora del desayuno Hikaru no me había dicho algo al respecto así que podría no ser eso. Y mientras seguía pensando en un montón de escenarios posibles lo encuentro por fin en uno de los pasillos, junto con mi hermano Yuto, sintiendo cierta presión en mi pecho.

- Buenos días – digo interrumpiendo su conversación, sorprendiéndome de hacer tal cosa, ya que no suelo inmiscuirme en conversaciones ajenas.

- Buenos días hermano – responde Yuto con una sonrisa.

- Su majestad, buenos días – dice Yuri también sonriente.

- Que sorpresa encontrarlos por aquí – digo tratando de ocultar mi voz molesta, acercándome un poco más a Yuri.

- Estaba quedando con Yuri de conversar sobre algo importante cuando termine su trabajo – dice Yuto.

- Sí, eso estábamos haciendo – confirma Yuri.

- Entiendo – digo sintiéndome ahora apenado.

- Bueno, entonces así quedamos – dice Yuto – nos vemos más tarde.

- Hasta la tarde – responde Yuri viendo como éste se aleja con prisa - ya iba de camino al despacho ¿necesitabas algo? – Pregunta preocupado, a lo que yo lo tomo suavemente de la cintura y escondiéndonos detrás de un muro lo beso de manera apasionada, sintiendo sus brazos envolver mi cintura – su majestad… Alguien podría vernos… - Dice entre besos, sin intención de alejarme.

- Lo siento, es sólo que me preocupé de que no llegaras – digo avergonzado por comportarme de tal manera ¿será esto a lo que llaman celos? ¿Estaba celoso de la cercanía de mi novio con mi hermano más pequeño?

- ¿Estás celoso? – Pregunta sin titubeo alguno, sonriendo de una manera tan pícara que me hace estremecer por completo, pero al mismo tiempo haciéndome sentir más tranquilo.

- Quizás un poco… - Respondo resignado.

- Yo sólo tengo ojos para ti – dice sin apartar su mirada de la mía, tomando mi rostro con sus suaves manos – los he tenido desde el primer momento en el que te vi – susurra con su rostro enrojecido, sin poder evitar llenar de dulces besos cada rincón de éste – es mejor que vayamos a trabajar – dice apartándome un poco, pero vuelvo a acercar mis labios a los suyos besándolo con la misma intensidad de antes hasta separarnos por la falta de aire, sintiéndome complacido de ver su rostro enrojecido y jadeante.

- Será mejor que vayamos a trabajar – digo al separarnos, dándole un dulce beso en la frente contrastando con la acción anteriormente hecha, tomando nuestro camino de regreso a mi despacho mientras nuestros meñiques están entrelazados.


*Masaki*

Desde que tengo uso de razón mis padres viven constantemente viajando, llevándome con ellos a diferentes lugares, conociendo otros idiomas, gastronomías y culturas, sintiéndome parte del mundo y a la vez de ningún lugar, hasta que cierto día lo conocí a él, encontrando mi lugar al ser rodeado por sus brazos.

- Hijo mío ¿ya estás listo? – Pregunta mi madre asomándose por la puerta de mi habitación, con sus ojos notablemente hinchados quizás de tanto llorar.

- Mamá… - Digo acercándome a ella, dándole un fuerte abrazo al que soy correspondido de la misma manera - ¿por qué lloras? No es que me vaya a ir para siempre.

- Lo siento, es que no puedo asimilar que ya seas un adulto – dice entre sollozos.

- Sólo me iré por unos días, conoceré a mi prometido, pasaré tiempo con él y regresaré a ser el niño consentido de mi querida madre – digo dándole un beso en la mejilla.

- No te apresures por mí, tómate el tiempo para conocer a tu prometido – dice apartándose un poco de mí, para mostrarme una de sus más cálidas sonrisas - ¿cómo te sientes?

- Muy nervioso – río – no sé qué esperar realmente ¿crees que le gustaré?

- Eres hermoso mi niño – dice mientras acaricia mi mejilla – caerá rendido a tus pies cuando te vea.

- Ojalá así sea – suspiro, esperando que sea igualmente para mí - ¿y es guapo?

- No he tenido el honor de verlo actualmente, pero por lo que he escuchado y puedo recordar de cuando era un niño es muy buen mozo – dice con una gran sonrisa - además de que es un caballero real, así que tiene un alto estatus en la sociedad.

- Ya veo…

- ¿Todavía piensas en ese chico? – Pregunta preocupada, pero a la vez comprensiva.

- A veces… - Suspiro profundo – pero ya me hice a la idea de que jamás lo volveré a ver, así que estoy dispuesto a seguir adelante, no puedo estar pensando eternamente en alguien que vi por unos minutos hace dos años.

- Lamento mucho que no hayas podido encontrarlo, me hubiese encantado mucho conocerlo y agradecerle por ayudarte.

- Masaki ¿ya estás listo? – Pregunta mi padre desde afuera de mi habitación – el carruaje ya está esperándote afuera.

- Sí ¡en un momento bajo! – Exclamo, terminando de alistarme con ayuda de mi madre, cerciorándome de que no se me haya quedado algo importante, para después si salir en compañía de ella de mi habitación a la puerta principal de nuestra casa.

- Que tengas un buen viaje hijo – dice mi padre mientras me da un abrazo.

- Gracias papá – sonrío correspondiendo al abrazo – voy a echarlos mucho de menos.

- Nosotros también – dice con algo de tristeza – pórtate bien y si quieres volver antes no dudes en hacerlo.

- Lo tendré en cuenta padre.

- ¿Estás seguro de ir solo? – Pregunta mi madre preocupada - ¿No quisieras que uno de nuestros sirvientes te acompañen?

- No te preocupes, estaré bien - sonrío - sé defenderme muy bien - río divertido, abrazándola por última vez al igual que a mi padre antes de subirme al carruaje, sintiendo una inquietud en el pecho, auto convenciéndome de que lo mejor será olvidarme de ese chico y abrirle las puertas de mi corazón al que será mi prometido y posteriormente mi esposo.


Caminaba con prisa por las solitarias calles de un pueblo, mis padres habían decidido que descansaríamos en éste por ese día para que al día siguiente a primera hora continuáramos con nuestro viaje. Así que desde que llegamos me dispuse a explorar éste, prometiendo que regresaría antes de que anocheciera, pero me distraje viendo una actuación de teatro callejero, que cuando quise darme cuenta ya me había pasado de la hora de regreso.

- Mi madre se va a molestar – susurré sin disminuir la velocidad de mi caminar, viendo a lo lejos a tres hombres de aspecto hostil de pie en una esquina, decidiendo de inmediato cruzar la calle para no toparme de frente con ellos, pero lastimosamente mi estrategia no funcionó.

- ¿Qué hace alguien tan lindo como tú tan solito? – Preguntó uno de ellos mirándome de arriba abajo como si fuese un pedazo de carne, sintiendo un escalofrío recorrer todo mi cuerpo.

- ¿Eres nuevo en el pueblo? No recuerdo haberte visto antes – dijo otro acercándose más de la cuenta, pero mi cuerpo no quería moverse preso del miedo.

- ¿Te ha comido la lengua los ratones? – Preguntó el tercero, llevando su mano a mi rostro, sintiéndome asqueado por su tacto - ¿no te gustaría pasar un buen rato con nosotros?

- No estoy interesado… - Dije apartándome un poco, queriendo escabullirme pero me tenían acorralado.

- Vamos, te va a gustar…

- ¿Acaso no están escuchando que no está interesado? – Dijo una cuarta voz, tumbando a uno de esos hombres de un puñetazo, al mismo tiempo que de una manera casi imperceptible me encontraba ya rodeado entre sus brazos.

- Qué… ¿Quién eres tú? – Preguntó uno de los tipos abalanzándose hacia nosotros siendo esquivado rápidamente, mientras que mi salvador misterioso me cargaba como a una princesa, propinándole una certera patada en su parte baja, haciéndolo caer al suelo junto al otro que se hallaba inconsciente.

- ¿Y tú? ¿No piensas hacer nada? – Dice mirando al otro hombre de una manera que hasta a mí me hizo temblar de miedo, pero también notando que se trataba de un joven muy apuesto.

- Yo mejor me voy – dijo aquel tipo escabulléndose como la rata que era, desapareciendo en la oscuridad de las calles.

- ¿Estás bien? ¿Te hicieron algo? – Preguntó en un tono más suave, observando todo mi cuerpo como si buscara alguna herida, haciéndome sentir nervioso ante su mirada.

- E… Estoy bien… - Respondí con voz temblorosa - ¿Usted también está bien? Esos golpes que les diste se vieron muy fuertes.

- Fue como la picadura de un mosquito para mí – rió divertido - ¿no eres de aquí cierto?- Preguntó con una leve sonrisa, a lo que yo asiento afirmativamente – Apenas cae el sol en éste lugar se vuelve muy peligroso para cualquiera, sobre todo para chicos tan hermosos como tú.

- Y si es tan peligroso ¿qué haces aquí?

- Bueno, si no hubiese estado aquí en estos momentos quién sabe que te hubiesen hecho esos tipos – respondió con seriedad.

- Tienes razón – suspiré - en ese caso, muchas gracias – dije apartando mi mirada de él, sintiendo mi corazón latir con fuerza, aunque no logré determinar en ese momento si era por lo acontecido anteriormente o porque aquel hombre me hacía sentir cosas que jamás había sentido por ningún otro – Pu… ¿Puedes bajarme?- Pregunté notando que todavía me encontraba siendo alzado por sus brazos.

- Cla… Claro, una disculpa – respondió bajándome con suavidad, viendo que somos casi del mismo tamaño - ¿estamos lejos de donde te estás quedando?

- No, de hecho dando la vuelta a ésta calle está el hotel.

- ¿Quieres que te acompañe? No podría dormir ésta noche de pensar que podría pasarte algo – dijo notablemente preocupado, haciendo que me sonroje por tan bellas palabras, pero dudé un poco de si aceptar su propuesta ¿y si se trataba de algún degenerado tratando de que bajara la guardia y violentarme después?- No soy ningún degenerado si es lo que estás pensando.

- ¡No estaba pensando en eso! – Exclamé avergonzado de que pudiese de alguna manera descifrar lo que pensaba – pero si deseas acompañarme no pondré objeción alguna.

- Está bien, así podré estar más tranquilo – dijo sonriente, comenzando a caminar ambos a la misma velocidad, la más lentamente posible, como si tratásemos de extender esos minutos antes de la inminente separación. Llegando más pronto de lo que hubiese querido al hotel en el que me estaba quedando junto a mis padres.

- Aquí es… - Dije al estar ambos frente al hotel – muchas gracias por acompañarme y por lo de hace un rato, me has salvado de algo muy aterrador.

- No es nada – dijo con una linda sonrisa – pero ten más cuidado de ahora en adelante.

- Lo tendré en cuenta – respondí con firmeza, dándole un último vistazo a ese joven antes de entrar al hotel, arrepintiéndome segundos después de no haber preguntado su nombre y cuando quise hacerlo éste ya se había esfumado.


Aquella noche recibí el gran regaño de mi vida de parte de mis padres, que al saber de mi propia boca lo que había ocurrido me prohibieron por varios meses salir solo, así que decidí entrenar por mi cuenta y volverme fuerte para no volver a pasar por algo así.

- ¿Dónde estarás ahora? ¿Pensarás en mí? – Digo mirando el paisaje a través de la ventana, con un dejo de tristeza en mi voz, permitiéndome una vez más pensar en él, antes de que mi corazón y mi cuerpo pertenezcan a otra persona.


*Keito*

- Me pregunto que habrá sido de ese chico – susurro mientras paseo por los campos, sin quitar la vista de encima del príncipe Ryosuke, quién se encuentra plantando zanahorias junto a su amado, el señor Hikaru.

Ésta mañana antes de despertar había soñado de nueva cuenta con aquel chico que salvé en un pueblo alejado de Ichigoland hace más de dos años, de vez en cuando ocurría, en ocasiones reviviendo ese momento y en otras yendo a situaciones un poco más íntimas y el de hoy justamente fue uno de esos subidos de tono.

En ese tiempo me habían dado unos días libres después de una misión que pude concretar con éxito, yendo a aquel pueblo junto con otros compañeros, mezclándonos entre la gente como civiles. Mis amigos habían decidido ir a beber, pero yo preferí devolverme al hostal donde nos hospedábamos, habíamos llegado ese mismo día en la madrugada y pues la verdad ansiaba descansar; siendo mis planes interrumpidos al ver a tres tipos acorralando a un jovencito que claramente se veía asustado ante estos.

Como caballero real mi prioridad es velar por la seguridad de los miembros de la realeza, así que pocas o nulas veces me metía en situaciones que no tuviera que ver con estos, pero simplemente no pude ignorarlo y como si algo me impulsara a hacerlo me acerqué a ellos y tomé al jovencito entre mis brazos, acabando con dos de ellos de un solo golpe a cada uno, mientras el tercero huía como un cobarde.

Ese chico era sin duda precioso, una belleza que podía cautivar a cualquiera y claramente yo no fui la excepción y no podía negar que aún a día de hoy añoraba de alguna forma volverlo a ver y me lamentaba mucho el no haber podido preguntarle siquiera su nombre, porque ni siquiera lo que siento por el príncipe Yuto hace que me olvide enteramente de él.

CONTINUARÁ...