24 ene 2026

COMPASS ROSE - Capítulo 46

Hola hola!!!!!

¿Cómo están? Espero que muy bien y si no es así les mando un súper fuerte abrazo de oso y espero que éste nuevo capítulo les saque una gran sonrisa 🥰

Espero que todos hayan tenido un feliz inicio de Enero y que todas sus metas por pequeñitas que sean se cumplan, así que mucho ánimo en éste nuevo año, que espero poder organizarme mejor y traerles las siguientes partes de Heat y espero otras cositas 😅

Muchas gracias por estar un nuevo año aquí conmigo, que disfruten del capítulo 🤭



Tema: COMPASS ROSE
Extensión: Serial 
Parejas: Varias
Autora: Akari-chan



Capítulo 46

*Yuri*

Abro lentamente mis ojos mientras estiro mi cuerpo al sentirme sobre una superficie suave y muy familiar, encontrándome con que estoy en mi habitación.

- ¿Cómo? – Pregunto confundido, haciendo memoria de en qué momento llegué a ésta, llegando rápidamente a la conclusión más certera – su majestad… - Susurro avergonzado y al mismo tiempo emocionado de pensar que el rey me trajo gentilmente hasta aquí, siendo cargado por sus brazos.

- Hijo ¿todavía no te has alistado? – Pregunta mi papá Hikaru entrando a mi habitación sin siquiera tocar la puerta antes, un hábito que mi padre Kota siempre le anda riñendo.

- ¿Alistado para qué?

- Pues para ir a trabajar ¿acaso no has visto qué hora es?

- ¿La hora? ¡Ya voy tardísimo! – Exclamo levantándome de mi cama después de ver el reloj, notando que voy diez minutos tarde, yendo primeramente al cuarto de baño – gracias por venir a avisarme papá.

- No es nada, pasé por el despacho del Rey y al notar que no habías llegado me preocupé y pues quise venir a ver si estabas bien.

- En serio, muchas gracias – digo agradecido.

- Por cierto hijo, a partir de la siguiente semana voy a quedarme en casa de Don Carlos junto con el príncipe Ryosuke.

- ¿Y eso por qué? ¿Ha ocurrido algo? – Pregunto mientras me lavo.

- No ha ocurrido nada de gravedad, pero hay mucho trabajo por hacer así que hemos decidido quedarnos allá unos días y no tener que ir y volver al castillo diariamente.

- Entiendo y realmente es lo mejor, siempre es un trayecto largo – digo mientras salgo del cuarto de baño, yendo hacia mí armario para buscar algo que ponerme.

- Íbamos a ir en ésta semana pero el príncipe insistió en que quería conocer al prometido de Keito primero.

- ¿Keito tiene un prometido? – Pregunto sorprendido.

- Sí, recién se enteró él también de su compromiso hace unos días.

- Espero que sea un buen chico, Keito es un buen hombre. 

- Pues tengo entendido que llega en estos días – dice acercándose a mi escritorio, tomando entre sus manos la rosa eterna que me regaló el Rey – parece que te gustó mucho éste regalo.

- Sí, es muy hermoso – sonrío sintiendo mi rostro enrojecer.

- ¿Sabes quién pudo enviártelo?

- No ¿por qué lo pregustas?

- Porque es la primera vez que veo que conservas un obsequio enviado por uno de tus pretendientes.

- Es un obsequio muy lindo, me daba pena botarlo.

- ¿En serio no estás interesado en alguien?

- Muy en serio papá – digo tratando enormemente de no delatarme, de que en realidad estoy perdidamente enamorado de su majestad.

- Está bien, te dejaré para que termines de alistarte – dice sonriente - iré al pueblo a hacer unos pendientes que tengo ¿quieres que te traiga algo?

- No, no tengo algo en mente – digo pensativo - pero si igualmente deseas traerme algo lo recibiré con gusto.

- Lo tendré en cuenta – dice acercándose para abrazarme y besar mi mejilla – que tengas un buen día hijo.

- Igualmente papá – respondo correspondiendo al abrazo, saliendo ambos de mi habitación y tomar caminos separados.

 

*Yuya*

- Qué raro que Yuri no haya llegado todavía – Pregunta Kei al ver la hora en su reloj.

- Ayer tuvo un día algo difícil – suspiro – está bien si llega un poco tarde hoy o si prefiere mejor tomarse el día libre.

- ¿Ocurrió algo grave ayer? – Pregunta preocupado.

- No sé si decir que es algo grave, pero si fue algo que le afectó mucho anímicamente.

- Comprendo – dice con preocupación.

- ¿Y ya te encuentras mejor? Ayer no viniste.

- Siento mucho no haberme presentado – dice apenado - pero es que me sentía con unas nauseas terribles, quizás comí algo que me cayó mal.

- Es lo más probable, pero de todos modos deberías de pedirle a Hikaru que te revise.

- Lo haré en cuanto pueda su alteza…

- ¡Siento mucho llegar tarde! – Exclama mi adorado Yuri después de abrir la puerta estrepitosamente, respirando agitado, como si hubiese venido corriendo.

- Justo estábamos preocupados de que no llegaras – dice Kei - ¿estás bien?

- Sí, estoy bien, es sólo que me quedé dormido – sonríe apenado – pero ya estoy aquí listo para trabajar.

- Bien, ahora que ya llegaste iré a la Biblioteca a dejar estos libros y a traer otros que necesitamos – dice Kei, cargando varios en sus brazos – Yuri ¿podrías ayudarme con la puerta?

- Claro ¿deseas que te ayude a llevarlos? Se ven muy pesados.

- No, así estoy bien – sonríe – puedo con estos, no te preocupes, ayuda al rey mientras regreso.

- Por supuesto – dice Yuri con una preciosa sonrisa, quedándome embobado con ésta aún si no es una dedicada a mí, viendo cómo éste cierra la puerta al momento que Kei se va.

- ¿En serio estás bien? – Pregunto preocupado, indicándole que se acerque a mi lado – anoche te veías muy mal.

- Ya me encuentro mejor – sonríe, haciendo caso a mi petición no dicha, sorprendiéndome del hecho que podemos comunicarnos sólo con señas o gestos.

- Puedes tomarte el día libre si lo deseas – digo tomándolo de la cintura suavemente, haciendo que se siente sobre mis piernas.

- No es necesario su majestad – sonríe con dulzura – estar contigo me hace mucho bien, además estoy seguro de que más temprano que tarde Yuto y yo seguiremos siendo amigos.

- Eso espero, no quiero que por mi culpa ustedes…

- No es culpa tuya majestad – dice rodeando mi cuello entre sus brazos – desde el primer instante en el que te vi supe que quería estar contigo, aunque en ese entonces no tenía claro de qué manera – ríe con picardía - ¿anoche me cargaste a mi habitación? – Pregunta acercando un poco más mi rostro al suyo.

- Sí… Te quedaste dormido entre mis brazos así que decidí llevarte como a una princesita – río divertido – abrí la puerta con algo de dificultad y te acomodé sobre la cama no sin antes darte un besito de buenas noches sobre tu frente – digo afianzando mi agarre en su cintura.

- Te hubieses quedado conmigo – dice haciendo un pucherito, no pudiendo evitar rozar mis labios con los suyos.

- No hubiese sido apropiado de mi parte quedarme en tu habitación, al menos no los dos solos.

- ¿Por qué no? ¿Acaso es diferente a cuando nos quedamos aquí hasta tarde en la noche para explorarnos?

- Bueno… Eso… Será mejor iniciar con el trabajo, no sea que alguien llegue y nos vea y… - digo avergonzado por los pensamientos que comienzan a cruzar por mi mente.

- Eres tan lindo – dice Yuri besándome dulcemente, acto que correspondo de igual manera, convirtiéndose poco a poco en uno más intenso y hambriento del otro. 

- Será mejor dejar así por ahora… - Digo con mi respiración agitada, volviendo a juntar nuestros labios en un roce.

- Te amo – dice con su precioso rostro sonrojado.

- Y yo te amo muchísimo más – digo con plena sinceridad, reafirmando con mis palabras todo lo que siento por él; sintiendo cómo se levanta de mis piernas, sin desear realmente que lo haga.

- ¿Qué es lo que hay que hacer para hoy? – Pregunta con una enorme sonrisa, todavía enrojecido por las palabras previamente dichas, dándole un último beso antes de comenzar con el ajetreado día de trabajo que nos espera.


*Kei* 

- En verdad creo que debí de pedir ayuda – digo mientras camino hacia la Biblioteca con algo de esfuerzo – esto no es bueno para mi condición… 

- Señor ¿quiere que le ayude? – Pregunta una voz infantil y desconocida, mirándome expectante ante la respuesta que pueda darle.

- ¡Yoshitaka! – Exclama uno de los caballeros reales, Takuto, acercándose rápidamente al pequeño niño – te dije que no te alejaras.

- Papi, el señor necesita ayuda – dice el más pequeño señalándome, haciendo caso omiso a la preocupación del que parece su padre.

- ¿Es tu hijo? – Pregunto sorprendido, sabía que Takuto estaba casado pero no que tuviese un pequeño hijo.

- Señor Kei, le pido una disculpa – dice haciendo una reverencia – sí, es mi hijo – sonríe - ¿quiere que le ayude?

- Sí, por favor – digo rendido, cediéndole los libros a éste.

- Yo también quiero ayudar – dice el pequeñín, recibiendo uno de los libros con total alegría de parte de su padre.

- No sabía que Fuma y tú tenían un hijo – digo mientras seguimos caminando hacia la Biblioteca del castillo.

- Sí, es nuestro lindo retoño – sonríe mirando a su hijito con profundo amor – hace meses andaba insistiendo en que quería conocer el castillo y pues le pedí permiso al rey para traerlo, espero no les moleste.

- Por supuesto que no es molestia, Yoshitaka se ve que es un niño muy educado y gentil – digo al mismo tiempo que llegamos a nuestro lugar de destino.

- ¿Dónde debo de ponerlos? – Pregunta Takuto al momento de entrar.

- A la sección de contabilidad – digo mientras nos dirigimos a ésta, dejando los libros perfectamente acomodados en su lugar, aprovechando el estar ahí para tomar los que llevaría al despacho del rey.

- ¿Cuántos años tienes Yoshitaka? - Pregunto al pequeñín. 

- Tengo cinco años Señor – responde levantando su mano, indicándome con los dedos de ésta su edad.

- Ya eres todo un hombrecito – digo sonriente.

- Dice que cuando sea grande quiere ser un caballero como nosotros sus padres.

- ¿Eso es verdad Yoshitaka?

- Sí Señor – dice con orgullo – quiero servirle a su majestad y al reino cuando sea un hombre grande y fuerte.

- Estoy seguro de que lo serás – sonrío enternecido de verlo – y estaremos muy encantados de tenerte trabajando en el castillo.

- Seré el mejor de los caballeros – dice con ilusión y una amplia sonrisa el más pequeño.

- Por cierto ¿podrían llevar los libros al despacho del Rey? Tengo que hacer algo…

- Por supuesto Señor – responde Takuto con una sonrisa mientras que el pequeño Yoshitaka asiente con entusiasmo, tomando los libros para dirigirse a su próximo destino.

Salgo unos segundos después de la Biblioteca para dirigirme a la cocina en busca de algo delicioso que comer, ésta pequeña criatura que crece dentro de mí es muy demandante al respecto y cada vez me preocupa un poco más el hecho de que comience a notarse, aunque si he notado que he subido un poco de peso…

¿Cómo pude ser tan tonto de no cuidarme? ¿Cómo lo tomará el príncipe cuando se entere? ¿CÓMO LO TOMARÁ SU MAJESTAD? ¡MI VIDA ESTÁ ARRUINADA!

- ¡Señor Kei! – Exclama de repente y muy animadamente mi príncipe, haciendo que una gran alegría me embargue, sintiendo cómo algo diminuto se mueve en mi vientre ¿él también está emocionado?

- Mi príncipe – digo con una sonrisa deslumbrante, abrazándolo con fuerza al estar ya cerca el uno del otro – te extrañé mucho ¿Cuándo llegaste?

- Acabo de llegar – sonríe, besando dulcemente mi mejilla, llevándome a un lugar en el que nadie pudiese vernos – también te extrañé, no sabes cuánto – dice repartiendo dulces besos por mi rostro hasta llegar a mis labios, besándonos con anhelo y dulzura, mientras nuestras manos recorren el cuerpo contrario de la misma manera, derritiéndome por completo en sus brazos, llevando luego sus besos a mi cuello, haciéndome estremecer.

- Mi príncipe… Aquí no… - Digo con todo el pesar del mundo, porque lo que menos quiero es separarme de él y menos cuando estuvo varios días lejos de mí que para mí fueron eternidades.

- Tienes razón, lo siento, es un muy mal lugar – ríe avergonzado, apartándose un poco de mi lado.

- Bueno, realmente no me importaría hacerlo aquí – digo volviendo a acercarlo tal y como estaba hace unos momentos – pero tengo cosas importantes que hacer.

- ¿A dónde ibas? No parecía que fueras al despacho de mi hermano.

- Iba a la cocina – digo mientras hago pequeños círculos sobre el pecho de mi príncipe – quería ir a comer algo.

- ¿Quieres que vaya contigo? – Sonríe – desde que salí en la madrugada de vuelta al castillo no he probado bocado alguno.

- Claro que sí – digo con emoción - podemos comer juntos y conversar sobre tu viaje.

- Me parece más que perfecto – vuelve a besar mis labios – mientras, podemos dejar el postre para la noche – dice seductoramente, robándome un último beso antes de seguir nuestro camino hacia la cocina. Cayendo en cuenta de que cuando estoy con mi adorado príncipe me olvido de todo lo demás y por esa razón es que ahora estoy como estoy.

 

*Yuto*

Observo con detalle cada expresión del rostro dormido de Rihito, no pudiendo evitar sacar de uno de los cajones del mueble al lado de mi cama mi cuaderno de bocetos junto con un lápiz, retratando en aquella hoja de papel el precioso rostro durmiente del chico que está a mi lado, con sus labios entre abiertos y sus cabellos desaliñados, haciéndolo lucir tan lindo…

- Príncipe… – Susurra todavía somnoliento, mientras que guardo el cuaderno nuevamente en su lugar.

- Buenos días Rihito – digo gentilmente.

- Buenos días… ¿Dónde estoy? – Pregunta abriendo los ojos con lentitud.

- Estás en mi habitación – respondo.

- Ah… ¡¿En su habitación?! – Exclama ahora sí despertándose de golpe, tapándose con las sábanas, acto que hace que de una carcajada.

- ¿Qué es esa reacción? – Digo divertido.

- Pues… Que estoy en su habitación, en su cama… - Dice avergonzado.

- ¿Y eso qué tiene de malo? ¿No somos amigos?

- Claro que lo somos, es sólo que me tomó por sorpresa – dice quitándose la parte de la sábana que cubría su rostro, creándose una imagen hermoso, sintiendo como una especie de cosquillas en mi manos, como si me alentaran a dibujar - ¿pero cómo es que terminamos aquí? No lo recuerdo.

- Bueno, nos estuvimos en el jardín hasta que se hizo totalmente de noche, pero tú simplemente no dejabas de llorar, aun cuando yo ya había dejado de hacerlo, así que le pedí a la Señora Hitomi que hiciera un té relajante para ti y después de beberlo te traje a mi habitación porque no me parecía correcto dejarte solo y pues estuve consolándote hasta que te quedaste dormido. 

- ¿En serio hice eso? – Pregunta incrédulo.

- Si quieres le podemos preguntar a la señora Hitomi – digo con una sonrisa.

- No, no será necesario, te creo – dice apenado – lamento mucho que terminase así, tenía que haber sido yo el que se ocupara de consolarte.

- Nos consolamos mutuamente, eso me hizo muy feliz – sonrío – en verdad muchas gracias por acompañarme, no lo habría hecho de no haber sido por ti.

- Me alegra haber sido de ayuda, aunque culminara de manera tan lamentable – suspira - ¿Y cómo te sientes ahora? – Pregunta todavía preocupado.

- la verdad me siento bien, como si se me hubiera quitado de repente un gran peso de encima – río – estaba más que consciente de que Yuri me rechazaría, su corazón ya le pertenece a otra persona, a alguien con el que no puedo competir.

- ¿Y quién es? – Pregunta curioso.

- Es un secreto – sonrío, mientras me levanto de la cama – ya son más de las diez - digo mirando mi reloj - ¿quieres que vayamos juntos a desayunar?

- Me encantaría Yuto – dice con una linda sonrisa, la cual quisiera retratar.

- Está bien, voy a cambiarme y…

- Yo también iré a cambiarme a mi habitación – dice levantándose de mi cama con prisa – nos vemos en quince minutos en el pasillo ¿te parece bien?

- Me parece bien – sonrío, viendo cómo se escabulle hacía la puerta, desapareciendo de mi vista – es tan lindo.

 CONTINUARÁ....